Consideraciones humanas sobre cuestiones inútiles, innecesarias e imperfectas de la profesión atea. Compartir lo efímero, testimoniar lo disoluto, aullar ante el silencio. Aulla! Aulla!

2/23/2006

VICTIMISMO

Desde poco después de las últimas elecciones generales se viene produciendo en la vida política una creciente personificación de las denominadas "víctimas del terrorismo", y fundamentalmente un sector de ellas agrupado en una de las principales asociaciones promovidas para defender sus derechos.

Esta actitud beligerante, precisamente contra el Gobierno del Estado que vela por sus intereses, es cuanto menos paradójica. Ya desde el cuestionamiento del alto Comisionado nombrado por el propio Gobierno para intentar atender más eficazmente sus demandas, reconociendose con ello implícitamente un nuevo rango a este problema que cobró aún mayor dimensión si cabe con la masacre de Atocha, hasta la manifestación claramente beligerante en el mismo sentido celebrada hace unos meses, en la que además se intentó establecer una separación clara e irreconciliable entre las propias víctimas en función de su adscripción política, y en la que quedó patente, bajo el encubrimiento y la manipulación de la causa contra el terrorismo, la estrategia de enfrentamiento político con el gobierno legítimo de la nación ante su posible estrategia para conseguir la paz en el tema vasco, y también el reciente congreso en el que se ha constatado esta secesión, radicalizándose aún más las opciones de por sí encomntradas, a pesar de poseer ámbas una causa común y un mismo origen, y en el que se ha escenificado en lo particular hasta que punto la propia derecha está dispuesta a utilizar el tema del terrorismo y a sus víctimas como causa política para retomar el poder.

Pero lo que puede llegar a ser entendible en términos de hipocresía política, ese homenaje que el vicio rinde a la virtud, entre rivales del gremio, ya no lo es cuando ésta se aplica a personas individuales. No es ni entendible ni comprensible que las personas afectadas por las acciones terroristas ejerzan su condición de víctimas hasta el límite de querer imponer al resto de ciudadanos el odio, la venganza o la "victoria" como condición para llegar a una posible paz.

Es además una falta de visión importante no intentar mantenerse al margen del debate estrictamente político en los prolegómenos de este proceso, procurando por el contrario intervenir en el momento oportuno, ese en el que se expliciten claramente las propuestas de la negociación; porque negociar no es claudicar para ninguna de las partes aunque deba ser el resultado para ambas, de lo contrario no habría negociación, y es precisamente en ese momento cuando la fuerza de la contundencia de los hechos, la simple diferencia entre asesinos y víctimas, ha de contribuir a reforzar la posición de aquél Gobierno que pueda acabar con esta situación, sea este del color político que sea. De lo contrario, y como ahora estamos presenciando, las víctimas pueden convertirse en verdugos de un proceso que aún la gran mayoría de los ciudadanos quiere ver concluido con dignidad. Esa dignidad que exige finalizar una etapa de oscuridad que se ha cobrado ya demasiadas vidas.

¿O sería mejor, que la respuesta a esta actitud se enmarcara en la indiferencia ante la violencia, en una visión que contemporizara con lo contingente entre vida y muerte, en la incertidumbre y el azar, en la connivencia con el destino y los daños colaterales, en la convivencia con la violencia como un atractivo más de la oferta de sensaciones que nos ofrece nuestra hedonista sociedad de consumo?.

Pese a quien pese el reconocimiento de víctima lleva implícito el reconocimiento del terrorista. No querer ver la otra cara no significa que no exista. Si una desaparece también desaparecerá la otra. Ese será el precio que habrá que pagar realmente si queremos terminar de una vez con esta situación. Entonces la dignidad podrá ser fuerte y silenciosa.

2/17/2006

EL ARRIBISMO de Vicente Verdú


La polinización sobre lo vacuo.


Asistimos a un resurgir del posicionamiento arribista en todos los ordenes de las relaciones sociales. Desde que el término progreso calara tan profundamente en el consciente colectivo, éste se nos aparece como la única posibilidad que tiene la vida de no verse secuestrada por fuerzas telúricas.

Progresar es una magnitud cuantitativa que nos señala algo más allá de los límites personales o ambientales. Progresar atraviesa tangencialmente el movimiento pendular de la historia, como flecha que Cupido nos lanzara en un envite a la transgresión de lo materialmente posible.

En términos personales, una de las estrategias del arribista, es considerar como virtud aquello que fue considerado perjudicial, alabar todo aquello otro que en su día fue objeto de crítica, abrazar lo que se repudiaba, llegar a reconocer como revolucionario aquello que era absolutamente reaccionario. Un homenaje a la mediocridad que por fin se legitima reconociéndose.

El colmo del arribismo se inscribe en ese pensamiento tan profundamente secreto que se concreta en aceptar por encima de cualquier otro criterio aquel que proclama que "sólo lo que es beneficioso para mí lo es para todos los demás".

Llegar a reconocer como revolucionaria a la propia sociedad de consumo es a lo que está dispuesto uno de los quintacolumnistas ilustrados de la sociedad del capitalismo de ficción, y todo para obtener un best seller editorial y así Progresar, sacando tajada de una actitud eminentemente arribista.

No importa sentirse necio, estéticamente es más presentable en la actualidad que sentirse digno. Pero no debe asociarse desprecio con dignidad, pues la actitud despectiva es más una faceta de la indignidad que representa al carácter miserable, que sólo reconoce su valía a través del menoscabo del otro.

Pero la cultura del consumo es el siguiente paso a la cultura del trabajo, del gasto al de la producción, del derroche al del ahorro, de lo virtual como sustitutivo de lo físico. La virtualidad del placer del consumidor ha desplazado a la de la ideología que aún quería imponer su razón, a la satisfacción inmediata del deseo compulsivo por una paciente espera del amanecer. Hoy se dan las condiciones para una espermatización precoz y aséptica, cuya morfología diseña la industria de la comunicación.
to be continued.... ?

2/13/2006

LAS ESENCIAS

Si se asimila la esencia de los objetos con su utilidad, o la esencia del pensamiento con su intensidad, o aquello que se sustancia tras el filtro del tiempo, o el aroma penetrante de un proceso de destilación, o ocaso el agua una vez tamizada, o el espectro de la luz, o la profunda vibración rítmica que confiere a los objetos su estructura molecular, o quizá… aquello que se desprende sin voluntad, la profunda levedad de un mirada hacia el horizonte, la ceniza de lo orgánico… aquello que no puede ser aprehendido, limitado, definido, atrapado. Aquello que hace a la percepción posible, el soplo de la vida que toma conciencia de sí, sustancialmente…

Cuál puede ser la esencia de una cultura sino aquello que se comprende sin la palabra, un estado de ánimo que se comparte, un ambiente en el que se escucha silencio, la intimidad cotidiana llevada al espacio público, la oquedad de la caverna que nos contiene.

Para encontrar alguna de las esencias de cada cultura no sólo se debe atender a las condiciones necesarias para su precipitación: el paso del tiempo, la evolución de sus formas, su arquitectura. La esencia no se halla en los propios objetos, o sujetos, o ambientes de laboratorio. La esencia está en otra parte, hay que encontrarla en otro lugar.

Se cree que desde los púlpitos, los minaretes, los estrados, o las pantallas, los "doctos" de lo vacuo hablan de lo esencial de su respectiva cultura, religiosa o nihilista, y no es así, sólo performan una aproximación distorsionada a su antojo de aquello esencial que comparten millones de seres con absoluta independencia del calificativo segregacionista y excluidor que se les quiera imponer.

Por mi parte he encontrado una esencia del Islam en un tetería en Granada, en el silencio respetuoso y compartido que envuelve el rito del té, en las miradas que no preguntan ni responden, en la luz que sólo brilla tamizada por las lámparas multicolores de cuarzo, en el olor de la mezcla destilada, en la fragancia de la especia escondida en la harina, en cada gesto pausado de los presentes, en la disposición para recibir lo que entre todos se configure, en una capacidad que no se cuestiona. Aquí hay una esencia del Islam, fuera de sus fronteras, de sus templos, de sus ritos, de su liturgia, de su interpretación heurística o hermenéutica, en el telos de la nada compartida en un sótano de una tetería…

2/02/2006

UN PLANO PARA EL UNIVERSO


Para aquellos visionarios anteriores al siglo XIV como Thomas Bradwardine el concepto de "Dios" se concretaba en una esfera infinita cuyo centro se hallara en todas partes y su circunferencia en ninguna. Hoy la ciencia nos explica el universo como plano e infinito en su expansión.

Pudiera parecer significativa esta diferencia entre una visión esférica y otra plana, sin embargo la misma no se nos antoja relevante salvo en las consecuencias que una u otra morfología puedan ocasionar: la contracción y la implosión en el primer caso y la expansión ilimitada sin colapso en el segundo.

Estas concepciones manifiestan o coinciden igualmente con esas cosmovisiones mundanas, corrientes, que el hombre común realiza sobre sí y su entorno. En aquella época el horror vacui, como imposibilidad de vacío en la naturaleza, obligaba a evitar fugas innecesarias, considerando el espacio extramundano como "vacío imaginario infinito", corroborando una correlación entre infinitud divina y espacial junto a una caduca existencia. Hoy, sin horror al vacío, la esperanza se deposita en cada interpretación, posibilitando la añorada vida eterna en un especie de estiramiento sin límites, en opción de perdurar, obviando lo ineludible: la fuga en un intervalo.