Consideraciones humanas sobre cuestiones inútiles, innecesarias e imperfectas de la profesión atea. Compartir lo efímero, testimoniar lo disoluto, aullar ante el silencio. Aulla! Aulla!

9/28/2006

HIPOTECA


HIPOTECA: Es la deuda contraida a cuenta de un bien efímero con una sociedad secreta por un tiempo limitado que suele coincidir con el de la "vida productiva" de un ser animado por el absurdo.

¿Quién es ALGUIEN sin al menos una HIPOTECA?.

¡Ese seguro de muerte que nos garantiza la vida!. Podemos morir todos los días para pagar nuestra HIPOTECA pero paradójicamente será ella la que nos mantendrá vivos, o más bien productivos por un 50% de nuestras rentas -por término medio-. Eso sí, como un depósito de ahorro: la compra del equivalente a un ataúd, pero funcionalmente más útil.

Qué es una vida sin obligaciones, sin la parte alícuota de responsabilidad social, más allá de la moral y todas esas turbulencias, que nos garantice estabilidad en el trabajo, o aún mejor, relaciones de vasallaje duraderas, sin miedo al cambio por el riesgo que pueda entrañar, como también sentimentales, pues entre dos es aún más llevadera de amortizar, y ¿cómo deshacerse de una hipoteca por la mitad?. Sería un atentado al honor y la dignidad romper un compromiso que va más allá de lo social, de lo estamental… ¡No cerrar nunca una HIPOTECA, por San Carlos Borromeo!.

¡Oh!, la HIPOTECA es fuente de ley divina, justifica cualquier comportamiento, es el ardid ideal para cometer cualquier tropelía o manejo de la razón o de la sinrazón para nuestro propio y exclusivo beneficio, el fiel de una balanza que no tiene brazos para sopesar los argumentos, la constante cosmológica que evita nuestra desfragmentación cósmica, la gravedad de la materia oscura…, lo inefable en términos perecederos.

Ah, la HIPOTECA es el verdadero garante de la Paz y la estabilidad social ahora que ha terminado la guerra fría, el compromiso sublime del esclavo con su amo en términos de sumisión que garantice el bienestar, la condición para la procreación, que se llevará el otro 40% de las rentas del trabajo, y no sólo para este mes.

La HIPOTECA es como una gran carcajada colectiva que alimenta nuestra vida de nada y de vacuidad, pues es intangible. ¿En dónde está? ¿Quién la custodia?.

La HIPOTECA es el motor de la economía, es la deuda que Dios contrae para poder seguir creyendo que es Dios, y poder pagar por toda su culpa: que no es sino el reflejo de la nuestra; es el carisma de una humanidad incomprendida que tiene claro su presente y su futuro: PAGAR, resarcir del daño que producimos a Gaya, abonar el peaje por nuestro tránsito intestinal. ¡Qué mayor felicidad que contraer una deuda!. Es como ampliar la culpa, dilatar el útero y dejarse fluir por una moda que no puede pasar de moda.

Resumiendo, es un seguro que nos hermana, que nos conjuga y ennoblece, y que da el verdadero sentido a la LIBERTAD: esa obligación de elegir bien los materiales, el suelo de terrazo, los complementos electrodomésticos, la esterilla de la entrada, el somier, el color para los inodoros, toda la decoración interior… ¡no nos olvidemos de la decoración interior!. Pero éste será el motivo de otra encendida invectiva que enaltezca aún más nuestra suficiencia ergonómica ambiental.

9/25/2006

UN LOGOS USURPADO


La cercanía entre las intolerancias es proporcional al desprecio entre sus protagonistas.

Mientras el debate entre la opinión pública, aquél que han promovido los medios de comunicación haciéndose eco de una escueta parte de las declaraciones de Benedicto XVI en el aula magna de la universidad de Ratisbona, se ha establecido en relación con una posible diferencia entre la nutrición de los sistemas fundamentalistas monoteístas a la hora de comprender y organizar la evangelización o conversión del infiel, ya sea como quisiera Benedicto a través de la razón para el Cristianismo o la violencia para el Islam, se ha ocultado el profundo mensaje que la "lección" papal propone en clave interna para el mundo occidental, y en particular para el orbe católico, a saber: una especie de refundamentación conspicua de la fe con relación al logos, o razón.

Sobre el motivo de la diatriba pública, sólo indicar que en las fechas a que hace referencia el diálogo que Manuel II Paleólogo sostuvo con el persa culto, ya se habían producido todas las cruzadas cristianas para recuperar los santos lugares y devolver la Fe por la espada a los infieles musulmanes, lo que desacredita los términos de esa "conversación" en sí mismos, por falsos. Sin embargo esta si sirve como argumento para poder disertar sobre la necesaria vinculación entre Fe y razón, "la necesidad de hablar bien y razonar correctamente" frente a las formas violentas y de amenaza.

Nos gustaría desprender de este primer análisis que el Papa no solo se refiere a las formas rudimentarias de conversión que ejerce el islamismo más radical en la actualidad, y no con respecto al mundo occidental, sino en su propio territorio, sino también, sin mencionarlo explícitamente, a aquellas prácticas ejercidas desde el mundo occidental para convertir estos países y a sus poblaciones en regímenes democráticos a través de las bombas y la ocupación, como formas elementales de colonialismo nihilista disfrazado de restaurador y propagador de valores fundamentados en la propia fe cristiana.

Pero el meollo de la cuestión, la vinculación de la Fe al logos, tarea que ocupa casi toda la disertación, nos puede conducir a pensar que lo que se busca es refundamentar el espinoso asunto de la Fe, hoy tan a la baja en los mercados de la imaginería monoteísta cristiana.

El recurso de la helenización en la interpretación de la Biblia y del génesis a través de las traducciones de los griegos, la propia escritura en griego del nuevo testamento, la evocación que San Pablo realiza invocando al " verbo"- palabra- son aglutinadores que pueden confirmar los deseos para que "el culto cristiano concuerde con el verbo eterno y nuestra razón".

Tanto esta usurpación de la palabra -del verbo- que hace S. Pablo de la Torah hebrea, junto con el acercamiento de la fe bíblica al cuestionamiento filosófico griego a través de la razón -logos-, son las piezas angulares en las Benedicto quiere fundamentar un encuentro entre "fe y razón, entre religión y un auténtico iluminismo".

Tras exponer los sucesivos procesos de deshelenización, que paradójicamente ha llevado a cabo la teología de la iglesia en los últimos siglos, a través de La Reforma del Siglo XVI, la teología liberal del los Siglos XIX y XX, la subcultura a la que ha sido relegada la religión por la ciencia en la actualidad, Benedicto reivindica que "el Dios verdaderamente divino es aquél Dios que se ha mostrado como el logos, y como logos actúa lleno de amor por nosotros".

No se trata de hacer "científica" a la teología, en una especie de malabarismo imposible entre cartesianismo y empirismo, "pues eso dejaría fuera la pregunta por Dios", por lo que sería una pregunta precientífica. Pero ésta y "otras cuestiones que solo son propiamente humanas como las de nuestro origen y nuestro destino, sobre la religión y la ética, no encuentran lugar en el espacio de la razón común delimitado por la Ciencia", por ello deben ser "relegadas al espacio de lo subjetivo", convirtiéndose " la conciencia subjetiva en la única instancia ética". De ahí que sólo cuando "superemos la limitación que se ha autoimpuesto la razón empíricamente verificable" alcanzaremos la fe de modo renovado.

Qué mejor dogma que aquél que se sustenta en la razón, aunque estos sean términos incompatibles per se. Es en esta síntesis operativa ideal en la que se pretende dar razón de las cosas, a partir de la propia impotencia de la razón, en donde Benedicto ha hecho su apuesta, pues las respuestas que no puede responder la ciencia son aquellas que si puede dar el subjetivismo individual por una fe iluminativa que comprendiera el principio racional del universo, que no es otro que Dios: el gran ausente de los campos de la muerte de Auswitch como señaló el propio Benedicto hace unos meses.

Esta suplantación o asimilación del logos griego, como principio racional del universo o como discurso que da razón de las cosas por el Verbo o hijo de Dios en la teología cristiana, es una hábil maniobra de malabarismo que el propio Benedicto utilizó haciendo caso a Nietzsche en lo referente a la transmutación de todos los valores. Así, lo racional o empírico se ha vuelto irracional o ilumínico.

Todo ello tras haber afirmado horas antes, en una misa ante 250.000 fieles, y sobre la base de esta argumentación "que la teoría de la evolución es irracional, que el ateísmo nace del miedo a Dios, y que el odio y el fanatismo no son consecuencias de que exista este o aquel Dios sino que quieren destruir su imagen". Y se preguntó, ¿qué cosa hay en el origen?, respondiendo: o "la razón creadora, el espíritu que hace todo y fomenta el desarrollo", o la "irracionalidad, que produce un cosmos ordenado de manera matemática, al hombre y la razón". Concluyendo que "sólo Dios salva al hombre del miedo del mundo y del ansia ante el vacío de la propia existencia".

Pero, ¿quien nos salva de Dios, quienquiera que no sea, y de todas sus "razones" y de su "verbo" o "espíritu" , que impregna toda la demencialidad de los fanatismos y fundamentalismos, a todos aquellos que nos sentimos a gusto en el vacío de la existencia y no tenemos miedo ante la vida o la muerte?.

9/07/2006

USTEDES NO TIENEN CUERPO,
TIENEN IMÁGENES


Fueron los iconoclastas de Bizancio quienes quisieron destruir las imágenes para acabar con su significado. En la actualidad, por el contrario, las destruimos al cargarlas de significado.

Hoy no se es si uno no puede elevarse a la categoría de imagen. Y se es, por tanto, en la medida en que la imagen se realza o se destaca sobre otras imágenes.

La imagen ya no es "la vida propia del alma" como nos la mostrara M. Zambrano, sino la impropia condición de una existencia por hacerse realidad en lo contingente virtual interactivo que nos posee. En una foto se referencia una existencia como en una radiología se muestra una disfunción. No hay existencia sin constatación en imagen, como no hay enfermedad sin pruebas radiológicas que la certifiquen. Pero en este proceso uno desaparece físicamente siendo por ende irreconocible. En nada contiene la foto "la propia alma" como tampoco la radiología al enfermo. De hecho los médicos no diagnostican enfermos sino enfermedades, porque ven enfermedades a través de la imagen que les ofrecen sus pruebas radiológicas, escáner, etc.

La imagen nos contiene como una fantasía en la que nos pudiéramos transformar para una realidad en la que dejamos de poseernos en la realización precaria del deseo no cumplido. Desaparecemos detrás de la imagen, ya no hay secretos, nada que ocultar, nos hemos liberado del cuerpo físico.

Nos alimentamos de imágenes que conforman parte de nuestra dieta, son los nutrientes que atiborran lo sensible, que minan y dirigen nuestra sensación. ¿Qué sería de lo público sin esos asesores de imagen, esos publicistas del gesto particular que han llegado a comprender la necesidad de producir realidad sobre la base de técnicas de marketing y estrategias de comunicación?. Algunos son incluso su propia Marca, porque un anuncio ya no representa la imagen del producto, sino la del propio consumidor en el propio acto del consumo. "Nos poseemos en la imagen, como objetos de nuestro propio disfrute como consumidores" (R.Sánchez Ferlosio), en los espacios de interacción virtuales. De ahí también que nuestra notoriedad vaya unida a nuestra imagen, que es directamente proporcional al grado de desvirtualización de la misma con respecto a su referente. Porque el último objetivo de toda imagen, como el de una campaña publicitaria, es ganar notoriedad.

"La fotografía como testimonio de algo que había estado y ya no estaba, de una ausencia cargada de nostalgia" (R. Barthres), o "nostalgia de la presencia" (J. Baudrillard), en el sentido de que sería un último testimonio de lo que se fue respecto al sí mismo inorgánico de hoy. "La imagen fotográfica no es una representación, es una ficción" (J. Baudrillard). La inmaterialidad del recuerdo atestiguada por la imagen, la nostalgia de un cuerpo, la evocación de lo somático.

El mundo y cada ser que lo contiene se contemplan como imagen. "La esencia de la edad moderna es la conquista del mundo como imagen" (P. Sloterdijk). Somos en la medida en que trasciende nuestra imagen, en su virtualidad para proyectar su capacidad seductora, simuladora, imitadora de -lo real-.

Hoy la imagen no se ubica "en la confluencia de la luz procedente del objeto y la que procede de la mirada", como creyera Platón. Hoy la imagen procede de la luz que irradia el medio en la que se proyecta y las miradas a las que seduce. Pues no hay mayor seducción que la de una imagen capaz de colmar el horror vacui que origina la sedación digital.

Pero, "la imagen, capaz de negar la nada, es también la mirada de la nada sobre nosotros", como intuyera M. Blanchot antes de la aparición de los medios de proyección masiva. ¿A quíen mira esa foto?. La inmensidad es la posibilidad de una imagen, pero ¿qué fuimos respecto a esa posibilidad?. Quizá sólo el reflejo de una imagen que se cruza con la mirada al pasar.

Lo que es propiamente imagen es siempre, de alguna manera, producción de cosas ausentes. Ya sea por evocación la imagen produce realidad, secuencia, pero también y paradójicamente, "evidencia que se hace invisible a base de mostrarse y repetirse" (J. L. Pardo). Es el caso de la secuenciación a través de la desfragmentación de la propia imagen en movimiento, pues "la imagen es movimiento como la materia es luz" (G. Deleuze). Y "cuanto más brillante es la imagen, más turbadora es su ambigüedad" (G. Bachelard).

Engullidos por nuestra propia imagen en una promiscuidad total con respecto a nosotros mismos, cada individuo se muestra como un producto en composición, un composite o quizá collage de evocación nostálgica, un recuerdo sin definir que no se materializó, una expectativa que no pudo disponer de sí, y que aún no sabe quién es, que se busca a través de la proyección de imágenes en la caverna.

De ahí que todos nos estemos volviendo actores. Entramos en nuestra propia vida como en una pantalla. ¿Cómo hacer algo sin ver que lo estamos haciendo?. Y lo que podemos constatar es que no hacemos nada, pero esto ya no nos sorprende. Podemos disfrutar de la inmunidad a través del anonimato que ya tiene rostro, aún al precio de un desencanto.

"Toda fuerza en proyecto pide hacerse imagen" (H. Michaux). A un ser sin imagen no se le puede ya venerar. La imagen es la idolatrada, no lo que representa, "el medio es el mensaje" (Mc.Lughan). Estamos secuestrados por el medio, somos su contenido. Pero "quien sepa transformar el aspecto de su energía no necesitará de ninguna imagen externa. Su templo será invisible". (CH. Maillard).

¿Y nuestra intimidad?. "Nuestra privacidad no es más que esa zona del espacio, del tiempo, en la que no se es una imagen, un objeto" (R.Barthres).

"Oscuro es el pensamiento que no puede determinar su objeto: un recuerdo que escapa de toda imagen" (Leibniz). Inaprehensible balbuceo de la palabra, de esa palabra "que es la imagen de las cosas" (Simónides). "El poema rompe en la palabra el espejo que deformaba su imagen" (E.Jabés) y "la imagen está formada por las palabras que la sueñan. (E. Jabés). La palabra es el signo que relaciona concepto e imagen" (R Barthres). Por eso "el procedimiento más elemental del arte consiste en sustituir un objeto por su imagen. Imagen y no concepto. El concepto es el objeto captado, el objeto inteligible". (E.Levinas).

"La imagen más fuerte es aquella que contiene el más alto grado de arbitrariedad" (A. Breton). De ahí la necesaria violencia de las imágenes para convertir el arte moderno en "objeto de consumo masivo". (J. Jiménez).

La importancia de una imagen radica en su impacto, el número de personas a las que alcanza. La imagen ha sido ya secuestrada por la publicidad desde antes de producirse. La idea de nosotros mismos se acerca al modelo ideal que establece lo publicitario. Nuestra exposición es publicitaria y en este sentido producto que pretende dar valor a un mensaje. Pero ¿cuál es ese mensaje que queremos transmitir al fotografiarnos con el mundo y mostrarlo en la internetsfera?.

¿Acaso un mundo utópico carecería de imágenes, porque "toda imagen destruye el ideal"? (H. Blumenger). No, porque ya no hay ideal fuera del contorno, de la apariencia, de la insinuación que satisface al deseo. Sólo la imagen nos significa, sin ella, ¿cómo entendernos?, ¿cómo reconocernos?. "La apariencia idealista es tan necesaria en su origen como en su caducidad" (T.W. Adorno). Y el mundo de la imagen es un mundo ideal que no tiene respuesta, porque no puede cuestionarse, porque nos da el ser. En este sentido nuestra proyección es un tanto impresionista por nuestra vinculación a la apariencia, "deseosos de reflejar la temporalidad de los fenómenos pero indiferentes ante la esencia oculta de la existencia" (R. Argullol).

Nuestro sentido se ha hermanado con nuestra apariencia, pero el sentido se nos escapa y las apariencias quedan intactas. Nuestro cuerpo es una imagen que se nos escapa como el tiempo "esa imagen movida de la eternidad". (J. L. Pardo).

"La apariencia la conforman las huellas de la continuidad de la nada" (J. Baudreillard). Huellas indelebles de nuestra levedad que no pueden vincularse metafísicamente, pues "lo metafísico vive de la escisión entre esencia y apariencia" (J.L. Pardo).

La naturaleza del mundo virtual es la imagen. En él lo particular se deshace, se disuelve, se conglomera. Atrás quedó el mundo de la pintura, el mundo físico de la representación, en el que la imagen pictórica "representaba la naturaleza para la apariencia particular de las cosas" (P. Mondrian). Y hoy esta apariencia es disimulo "que recibe sentido, valor y sustancia de una realidad que está más allá de ella" (G.Sinmel).

Qué es el arte, sino "la necesidad de apariencia" (M.Heidegger), la elevación a categoría. Vemos arte sobre cualquier acción que proponga buena imagen. Hay arte en todos los lugares. Somos artísticos con nuestra imagen, con nuestra apariencia. Nuestro mundo es aquél en el que "las apariencias encubren con mayor intensidad que nunca aquello que las determina"(J. L. Pardo). Encubridos por la apariencia.

´Lo trágico no está en el mundo tangible, sino el mundo de la apariencia (M. Maffesoli). " Todo lo que vive lo hace en la ilusión, la apariencia, la mentira, el engaño, y es el arte el que produce estas apariencias, mentiras, ilusiones, que son la condición de la vida, su posibilidad" (F. Nietsche)

"Sólo si se trata la apariencia como apariencia, no se quiere engañar, entonces se hará verdadera". (F. Nietsche) Constataremos así que nuestra desvinculación física no será una ilusión, no nos supondremos, ni nos debatiremos con la imagen, porque "lo que quede de la realidad fuese sólo apariencia" (A.Giacometti)

He aquí la morfología de la imagen por el exceso pusilánime de la apariencia.