Consideraciones humanas sobre cuestiones inútiles, innecesarias e imperfectas de la profesión atea. Compartir lo efímero, testimoniar lo disoluto, aullar ante el silencio. Aulla! Aulla!

1/26/2007

PODER Y SUPERVIVENCIA

Hace unos días decía Arsuaga, en una entrevista, que la especie humana había dejado de evolucionar porque había solucionado su supervivencia.

Fundamentaba esta afirmación en el cuidado que profesamos a los débiles (mayores, personas discapacitadas, la infancia).

Desde luego hay determinados síntomas que pueden avalar esta hipótesis, además de los mencionados, que deben circunscribirse a los países desarrollados para tener verosimilitud, también podemos mencionar el aumento de la infertilidad, el aumento de la esperanza de vida, el descenso de las tasas de natalidad.

Desde luego parece que desde la opulencia de nuestras sociedades la supervivencia es una garantía, aunque haya amenazas estructurales que la ponen en riesgo, pero en un contexto de destrucción total del planeta, y por causas exógenas y anónimas: cambio climático, ensalada nuclear, terrorismo bacteriológico, etc…

Por otro lado la lucha por la supervivencia se concreta en cada individuo en una lucha por el poder que suele entrañar violencia, dentro de cada manada en los mamíferos superiores, o mejoras evidentes de lo morfológico, colores excitantes en los peces y coleópteros por ejemplo.

Circunscribiéndonos a nuestro entorno de mamíferos habremos renunciado a ejercer la violencia del poder para mantener la supervivencia, pero no hemos renunciado a las luchas del poder y a la violencia que conlleva.

Quizá nuestro primer objetivo como especie no sea la supervivencia. Quizá las formas para conseguirla, a través de luchas de poder, hayan cambiado su finalidad. De hecho el desarrollo de nuestras sociedades en términos de bienestar corre parejo a las vicisitudes del poder económico y su despliegue y ampliación en sectores productivos cada vez más especializados.

Quién iba a pensar que la basura podía ser fuente de explotación que generara suntuosos beneficios, o que la guerra en una de sus versiones fuera la solución previa para la remodelación del entorno y el desarrollo o reactivación de la potencialidad productiva de vencidos y vencedores.

Desde esta óptica cabe entender que la distracción que la especie ha hecho respecto a su supervivencia, tal y como proclama Arsuaga, tiene que ver más con el interés de reforzarla fuera de comportamientos puramente instintivos; y que los logros que avalan su posición, no sean sino extensiones del desarrollo de las fuerzas productivas en ese afán por el crecimiento y el progreso: justificaciones de un modelo económico que impone sus leyes, entre ellas la de su expansión y globalización.

Concretando. Aumenta la esperanza de vida, el cuidado a los ancianos o a la infancia, porque estos segmentos de población se han convertido previamente en sectores productivos que pueden generar ante todo plusvalías económicas, opciones de poder. Se atiende a los países en desarrollo con ayuda humanitaria, porque ésta es una forma productiva de rentabilizar unos recursos económicos y humanos que son excedentarios en nuestro medio. El desarrollo, el progreso, el crecimiento, etc. son términos que designan las condiciones que se autoimpone el sistema económico para sentirse rentable, para no caer en bancarrota.

De ahí que sólo mientras tenga capacidad de expandirse encontrando nuevos territorios, sectores, especificidades, en el mundo real pueda estar garantizada la supervivencia de la especie, siempre supeditada a las luchas por ese poder.

Aunque quizá del desarrollo de las aplicaciones y modelos societarios en el mundo virtual, que van transcendiendo el mundo real, puedan derivarse importantes flujos financieros de las actividades económicas tradicionales hacia el dominio de la nada: el verdadero objetivo del poder.