EL CAMINO HACIA LA EXCLUSIÓN DE GRECIA VII
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El laberinto del minotauro. |
Si Europa hoy es un laberinto, en
Alemania reside su minotauro. Poco a poco desde este país se han ido
creando las condiciones, las exigencias de sacrificios que lo
alimenten. En este contesto, ¿estamos esperando a un héroe como
Teseo para que nos libre de toda su maldad y terror?.
En toda esta crisis en torno a Grecia
desde el Estado y la banca alemana, se han venido trasladando
plusvalías, excedentes, en forma de deuda a los países de la
periferia, no con objeto de minimizar el anacronismo de una unión
económica desvinculada de una unión política, sino de
acabar con un modelo económico en el que se primara el llamado
“estado de bienestar”. Así, el Euro no se dibujo como el
instrumento para armonizar las distintas economías sino para someter
a los diferentes Estados europeos al sistema financiero del
capitalismo alemán. De hecho, todo la liquidez a través de crédito
que desde el 95´se transfirió no tuvo como misión establecer
simetría en el seno de la Unión a través de llamada “convergencia”
sino, por el contrario, sentar las bases para generar, al cabo de los
años, la fragmentación y establecer el nuevo neocolialismo de los
países del norte sobre los del sur.
El desenlace de la crisis con Grecia no
ha sido el esperado por Alemania y sus allegados, que no era otro que
expulsarla del euro y, con ello, crear un clima de
incertidumbre en el que sólo los países más fuertes, más
estables, tuvieran garantizado sobrevivir. Ahora saben que mantener
la cohesión les va a resultar mucho más costoso, empezando a
reconocer públicamente como acreedores que la deuda griega es
impagable. Pero el objetivo de esquilmar al estado heleno se ha
cumplido y el aviso para navegantes está enviado.
Si analizamos la cuestión de la
gestión en la negociación en este proceso, realizada por Varoufaquis
y Sypras, debemos concluir que cuanto menos ésta ha sido ha sido
errática y desconcertante. Si nos atenemos a las declaraciones del
propio Varoufaquis, tras salir del gobierno, al periódico The Guardian
“no ha habido nunca un Plan B ante la posibilidad de salir de la
moneda única”. Además, la estrategia representada a lo largo de
toda la negociación por el ministro de economía contradice las
conclusiones posibilistas a las que llega en su análisis contenido
en dicho artículo, al menos en el sentido de forzar la negociación aún a
consta de cerrar la posibilidad a gestionar reformas internas
verosímiles y singulares. Así, aún reconociendo la opción
pragmática como la única salida al problema, aún a consta del
debilitamiento para la propia izquierda, se podría frenar con ello la
extensión de la estrategia alemana en torno a la austeridad como
receta ante la crisis de deuda y también la llegada de fuerzas
políticas fascistas en Europa y Grecia. Para él el “rescate”
podría producir las mismas consecuencias que
salirse del euro: aumento de los nacionalismo y el fascismo, tanto en
el ámbito doméstico griego como en el conjunto europeo.
Pero la estrategia de la “máxima
tensión” no ha conducido a Grecia hacia el abismo, pero tampoco la ha salvado de su caída en el precipicio. Pensar que tras cinco años de
fracaso en la recuperación de la economía griega, tras cinco años
de austeridad, podría cambiar la troika su política ha sido
erróneo. Ahora Grecia se enfrenta a un nuevo “rescate” como
paliativo para sobrellevar su estado moribundo. Se avecina una crisis
política interna a corto o medio plazo, con nuevas elecciones y con los
fascistas de Amanecer Dorado y los nacionalistas como alternativa de
gobierno.
Lo peor de todo esto es que ante tanta
conducta errática se ha trasladado a la opinión pública europea
que no hay alternativa a las exigencias de Alemania y la troika, que
NO SE PUEDE gestionar este modelo económico con otras posiciones desde partidos de
izquierda y que la ciudadanía se encuentra secuestrada, siendo
víctima de burdas manipulaciones y chantajes que sólo pretenden mantener en el
poder a aquellos que en su nombre continúan conculcando los derechos
de las personas a una vida digna, poniendo en cuestión el propio modelo democrático de convivencia.
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