PENSAMIENTOS INÚTILES

Compartir lo efímero, testimoniar lo disoluto, aullar ante el silencio. Aulla! Aulla!

11/19/2009

ATÚN EN ADOBO

El motivo de la existencia como ilusión es la ignorancia. (E. Bloch)


¿Qué es la vida para quien ya no vive sino una crónica mal contada, sumida en el temor a la gripe A y deprimida por la amenaza de dejar de cobrar el subsidio de paro?.


¿Será acaso esa crónica lo primero que habría que desactivar para poder intentar cambiar esta situación y revivir?.

Hoy trataremos de ejemplificar esto con una receta para un primer plato sobre el fenómeno por el que algunos sucesos irrelevantes se convierten en acontecimientos o hechos que afectan al conjunto de la población, suplantando los problemas colectivos de peso de la atención pública, como por ejemplo la cuestión del secuestro del atunero vasco frente a las costas de Somalia en estos últimos días.

Comencemos por considerar que este suceso ha sido relevante sólo a partir de que los medios de comunicación tiraran de él como noticia de portada diaria, la oposición política encontrara otro elemento para distraer y ocultar sus miserias de corrupción también diaria, los jueces lo estimasen como una causa abierta para acrecentar su protagonismo, el ejercito tuviera una misión concreta que realizar para justificar su inutilidad... ¡Es así como curiosamente cuatro poderes del Estado necesitan para sobrevivir, en su encarnizada lucha, de carne de atún!. Sí, ¡CARNE de atún!.

Aunque, de hecho, nada fue lo que parecía:

 El barco privado faenaba fuera de los límites de seguridad, síntoma de codicia que se representa con esas 150.000 toneladas de pesca de atún en un año en esa zona y sólo por barcos bajo nuestra bandera.
 La actuación militar en protección y disuasión para los piratas consolidó el secuestro y generó el problema de los rehenes.
 Los jueces vieron carnaza y pidieron la cabeza de los detenidos. Ellos también quieren ser protagonistas, y ante todo hacer cumplir la Ley, aunque no saben cuál entre ellas y cómo o en dónde… porque eso es secundario e irrelevante para “la causa”.
 El gobierno, desmembrado colegiadamente, vio desde cada ministerio la oportunidad de tomar protagonismo (poder interno), y en previsión de un final feliz oxígeno para su angustiosa travesía por “la crisis económica” como un náufrago a la deriva.
 A los medios de comunicación, a los que no les importa sino la carne y el morbo, que rentabilizan la duración del secuestro y todo lo que pueda dar de sí más allá de su final.
 A la “oposición política” en su conjunto, comensales que cumplen escrupulosamente con su papel en esa ecuación tan difícil de entender, Gobierno / Oposición, de intereses absolutamente contrapuestos pero siempre en “beneficio” del país.

Es así como cada uno de estos ingredientes ha actuado por su cuenta buscando siempre los mayores réditos para sus intereses, réditos que son por supuesto contrapuestos de los intereses ajenos, y por ello de los intereses generales, si es que los hubiere. Aunque, en realidad que no los hay es evidente, como se ha puesto de manifiesto a las 18 horas de la liberación del barco: todos contra todos para seguir sacando dónde ya no hay, pero quien sabe y como dicen por ahí: es la inercia de la vida política…

En cualquier caso, nos acompaña una profunda sensación de fracaso, esa seña de identidad con la que se estigmatiza en este país a cada iniciativa, y que triunfalmente, empero y por encima de cualquier otra consideración, nos redime desde hace tanto tiempo….

Desde luego que los piratas, esos miserables, se gastarán la mayor parte de lo que les quede del botín obtenido, descontando lo que se llevará la cadena de intermediarios hasta materializar el pago, (expertos, gabinetes de abogados de Londres –especialistas en estas lides-, mensajería que se lo entregue, etc.) en comprar municiones y armas a nuestras industrias de armamento. No sólo son ignorantes, sino ingenuos y un tanto benévolos pues deberían exigir la parte alicuota de un rescate de cuantía mucho mayor en función de todo el beneficio (fracaso) generado para cada uno de nuestros protagonistas. Así, deberían exigir el copago al gobierno de turno, a los jueces de turno, a la oposición de turno, a los medios de comunicación de turno, y eximir, por el contrario, al armador de toda responsabilidad, porque él es el socio de esta trama, el convidado de piedra para toda esta farsa.

Auguramos malos tiempos para el cine… Hoy las producciones se hacen sobre la realidad, con un presupuesto menor, con una dirección colegiada y en la que todos salen ganando (fracasando). No obstante hemos echado en falta, aunque esperamos se arregle para la próxima vez, cámaras en el barco que nos enseñen el día a día, la mugre, la convivencia entre los actores circunstanciales, las conexiones en directo, y en el desenlace las escenas de persecución (fracasadas) y las posteriores celebraciones de la tribu contando el dinero y repartiéndoselo…. Ah, y las imágenes cenitales desde el satélite o desde los aviones espía, las conversaciones en el gabinete de crisis, los trasiegos de los picapleitos en Londres… etc., etc. Queremos y exigimos transparencia y que se nos mantenga informados en todo momento de todo lo que ocurra, para que disfrutemos del éxito de nuestro (fracaso), eso sí, con un buen atún en adobo, como Dios manda.


PD: Curiosamente la Iglesia no ha intervenido en este capítulo. ¿Muestra inequívoca de su decadencia?. Después de lo de la herejía… por lo de los abortos, ninguno de todos ellos le echa ya ninguna cuenta. ¡Otro fracaso más!.

10/30/2009

ESPECULAR / MEDITAR

“Los ideales sociales no pueden ser predicados entre especuladores” (Ernst Bloch)


Al especular se alivia en la verborrea, en la meditación se libera en el silencio. La especulación baraja con la incertidumbre pero en la meditación se obvia la certeza. La especulación se difumina en lo aleatorio mientras que la meditación transita por lo continuo. El que especula juega con respuestas, el que medita trabaja sobre preguntas. Al especular se consume, al meditar se ahorra. Al especular se gesticula mientras que al meditar se observa. La especulación es consecuencia, la meditación es causa. Al especular uno tiende a buscar, al meditar a encontrar. Especular enturbia, meditar aclara. Occidente especula, Oriente medita. Especular tiene fijación por la vigilia, meditar prima lo onírico. Al especular se proyecta, al meditar se asume. Especular disemina, meditar concentra. Especular tiende a tergiversar el pensamiento, meditar lo dimensiona. Especular se vacía en el olvido, meditar se nutre en la memoria. Especular se proyecta en la imagen, meditar fluye en el vacío. Especular busca la trascendencia, meditar encuentra en la inmanencia. Especular conquista, meditar convive. Especular desdobla, meditar unifica. Se especula con la muerte y se medita para la vida. Se especula con el gasto, se medita sobre el don. Especular es público, meditar es íntimo. Se especula desde la distancia, se medita en la proximidad. Especular se materializa en signos, meditar se representa en símbolos. La especulación comenzó siendo teocrática, la meditación ascética. La especulación aspira al conocimiento, la meditación a la sabiduría. La ciencia y la religión son productos de la especulación, la comprensión y la armonía de la meditación. Especular es fin, meditar un medio. La especulación es compulsiva, la meditación reflexiva…


La morfología de nuestra cultura se fundamenta, en gran medida, en esa disposición o actitud que se materializa en técnicas con las cuales nos enfrentamos al mundo, a su incertidumbre. Nuestro pensamiento está contenido en ellas, es inseparable de su forma, de su materialidad, de sus producciones … En este sentido, especular / meditar son acepciones, ángulos, posiciones, que utilizamos para construir el mundo, para poder aprehenderlo.


En nuestro medio, desde Aristóteles y continuando la tradición idealista platónica, entender es especular con imágenes. Por un lado, a través de esa línea metafísica, que desde su aislamiento, al margen de lo tangible, contempla el conocimiento especulativo de la razón, levantándose e imponiéndose enteramente por encima de lo que enseña la experiencia. Por otro, aquella otra concepción, materialista, que parte de una causalidad que idea la materia como lo único existente en contínua transformación.


Si, como nos sugiere Chantall Maillard, “todo idealismo es consecuencia de una pérdida de inmediatez por la que se sistematiza el desdoblamiento especular”, éste no será sino un síntoma de una enfermedad que proviene de una pérdida (la caída). Tendremos entonces que aceptar que la especulación es ante todo una “respuesta terapéutica”.


A su vez, materializar la idea es el origen de todo sistema cuyo axioma parta también de “lo especulativo”. Sistema que se recoge en esa tautología de la inseparable comprensión/producción de mundo de las religiones monoteístas que, como sugiere Sloterdijk, se conforma en un campo tripolar:


q a partir de un proceso psíquico nuclear o primario (especulativo)

q por decantación en un ejercicio de meditación iluminadora (metitación)

q visualizado a través de una simbolización comunicativa.


Hoy, en nuestro mundo secular, y como señala Baudrillard, aquella simbolización comunicativa de lo religioso se realiza específicamente a través de “una especulación informativa sobre el acontecimiento”. Ya sabemos que en gran medida es la propia información la que produce lo que acontece, o cuanto menos el hecho debe ser noticia si quiere ser observado. El acontecer es pues insustancial sino dispone de un soporte de comunicación que lo constate.


Por otro lado, no podemos afirmar, como hizo Bergson, que la propia percepción sea la que nos contenga, que estemos sujetos a nuestros sentidos, como si estuviéramos limitados y amarrados a ellos, como si no pudiéramos comprendernos en su ausencia. No es “la percepción la que tiene un interés especulativo”, la percepción no es en sí el conocimiento. Por el contrario, habría que contemplar todos los elementos que adheridos a ella la orientan, por ejemplo, en el sentido que nos propone Deleuze, a propósito del “modo sádico, especulativo y analítico, que capta el instinto de muerte”. Es ese instinto, si es que lo aceptamos, el que dirige un modo de percibir, el que impone entonces la especulación en el juego de la comprensión/interpretación/producción de mundo.


Si trasladamos este análisis a la esfera de la materialidad de lo intangible del mundo económico podriamos aducir con Aries que “desde el protocapitalismo, tal como aparece en la segunda mitad de la Edad Media y en el Renacimiento, contemplación y especulación son rasgos esenciales, pues antes del capitalismo, las cosas aún no merecían ser vistas, ni retenidas, ni deseadas”. Fue a partir de la Edad Moderna cuando se produjo “el tránsito de la especulación sobre la esfera a la praxis de su aprehensión”. (Sloterdijk). Desde entonces el mundo ya no sólo pudo pensarse idealmente, sino que también tenía que poseerse prácticamente, y por ello, el resultado de ese “paroxismo de la especulación pragmática fue el capitalismo” (Baudrillard), pues en ella se fundamenta y a ella debe su evolución y desarrollo, y es en esta, su última fase, con la que mejor responde al patrón que lo propició: capitalismo especulativo global. Capitalismo que contemporiza con la suerte pero especula con el azar, contrariamente a lo que cree Baudrillard, y en esa especulación con el azar consume futuro, porque ahí es en donde busca la garantía para sus operaciones de alto riesgo; aunque en esta ocasión parece que se haya roto el umbral de seguridad o tasa de riesgo que tiene todo crédito, y esa ”masa crítica especulativa” haya sobrepasado el nivel de tolerancia máximo de incertidumbre. La respuesta no se ha hecho esperar: desconfianza generalizada sobre la jugada por el alto riesgo que comporta.


La “codicia indirecta, carente de objeto, como voluntad especuladora del capital” (Bataille), junto a la ambición como resguardo ante la fragilidad de lo vital, buscan fundamentalmente saciarse y, ante ello, la razón sólo puede ya encontrar lo injustificable. Así, la “democracia especulativa”, que nos representa, aparece como la única morfología posible de organización política social.


Pero parece evidente, también, que en lo referido a lo particular, una de las formas para evitar que el pensamiento actúe es reducirlo a simple representación especulativa. Su efecto es una especie de narcosis producida por discusiones interminables sobre aspectos insustanciales que camuflan una estrategia de despistaje producida sin duda desde una “inteligencia concreta”, como forma tangencial de demagogia convulsa que se erige en dueña de cualquier debate personal.


En cuanto a su expresión y en el orden representacional, quizá fuera el cubismo la plasmación formal y simbólica del temperamento contemplativo-especulativo, porque tal y como lo intuyó Klee, “su reflexión reposa en la reducción de todas las proporciones y desemboca en formas proyectivas primordiales (triángulo, rectángulo, círculo)”. Recordemos que lo angular es una de las posiciones preeminentes que toma lo especulativo. Pero es, en suma,“la vida concreta de todo hombre la que se ha degradado al convertirse en un universo especulativo” (Debord), o “infiel, disponible” (Sloterdijk). De ahí que el vasallaje sea la exigencia sobre el comportamiento en esta “monarquía especulativa” (Cioran) que nos contiene.


Si como nos indica Jullien “la filosofía ha cubierto la sabiduría con su ambición especulativa” solo nos queda, para contrarrestarla, la meditación, ya sea como una forma que podemos adoptar y que evoca los tratados de espiritualidad de los siglos XVI y XVII, en los que no es lo primordial preparar a los moribundos para la muerte, sino enseñar a los vivos a meditar sobre ella, y que luego continuó con Montaigne, para el que la premeditación de la muerte es premeditación de la libertad; o por el contrario, preguntarnos si debería la filosofía ser entendida como meditación de la vida, no sobre la muerte, como nos sugirió Spinoza.


Quizá haya que caminar para encontrar una síntesis que comunique y concilie sueño y razón, como nos propone Jünger, o una suma de meditación y expresión, de sueño y pensamiento, como nos recuerda Bachelard. Sabiduría podría ser entonces “toda materia imaginada, meditada, que se precipita en imagen de una intimidad”, porque como remarca Jullien “la sabiduría no se explica, se medita o se saborea y nos impregna”.

10/23/2009

Tú no comparte cuanto piensa en él
Tú antecede por ti pero cuando ya no eres él
Tú, sin llamar, obtiene respuestas automáticas
Tú como posibilidad es la inversión de un sí mismo
Tú pluraliza pero aún así continua como singular
Tú secuestra la sombra de cada sí al interrogarle
Tú es gozo para ese dolor vernáculo
Tú busca un nombre en su anonimato
Tú no acontece si no es reclamado
Tú encuentra su rostro en la proyección
Tú atiende a un plano de identificación sin mostrar su semblante
Tú no responde a qué sino a quién
Tú sobre lo intangible solo se desvirtúa
Tú estrecha vínculos en lo inefable de la soledad
Tú es quién te hace posible cuando invocas
Tu ajusticia, casi siempre, a sus inquisidores
Tú atraviesa un declive circunstancial con el culto a la personalidad
Tú se distancia tanto de la identidad como de la independencia
Tú mira más allá de sí para reconocerse
Tú encuentra en la referencia solo un pronombre
Tú es posesivo una vez invocado
Tú acusa si percibe desprecio
Tú es insignificante cuando parece prepotente
Tú parece otro cuando no reconoce
Tú drena los excesos de desolación
Tú se hace fugitivo de la justicia, sea cual sea su veredicto
Tu confiere el margen
Tú juega al anonimato porque sabe bien quien es
Tú no puede ser identificado sin alguien que lo desvele
Tú adviene intransitivo y a ello condiciona su valor

10/09/2009

PERFECCIONAR PARA DOMINAR

En los entresijos de cualquier justificación sobre la existencia, o de esa finalidad que otorga sentido a todo aquello que no lo tiene, en el ánimo del que aún sobrevive a sí mismo, se manifiesta el afán por lo perfectible.


Es motivo de la perfección ser la potencia para el ejercicio de la dominación. Así, desde los infructuosos esfuerzos por dominar la naturaleza, hasta el fortalecimiento de las medidas normativas para la organización/control social, lo humano ha evolucionado a través de la especialización. Para ello , fragmentar fue la primera instrucción u orden que emitió un cerebro angustiado ante una cosmovisión global de pertenencia que aún no se había desdoblado de sí misma. La unidad primigenia dio paso a una ruptura y, desde entonces, la visión esférica del mundo fue quebrada por la conciencia de la incomprensión de pertenecer a él sin una explicación plausible. Estar no era suficiente y hubo que representar, que explicar, que crear, que perfeccionar, para poder ser.


Una vez sustraída su sombra, la exposición paulatina de la imagen suplantó al objeto que se proyectaba. Lo fluido se tornó sólido y para poder unificarse necesitó ser compartido a través de lo simbólico. Desde entonces “la verdad” fluctúa entre las creencias sobre lo intangible y las certezas de lo transformable, rivalizando por conquistar aquella posición primigenia de insustancialidad, solo recuperable por una ilusión a través de la serenidad de la esperanza o ante la incertidumbre de la indiferencia.


Si buscando las leyes de la naturaleza no encontramos su razón, a través de la escritura llegamos a suplantar memoria -arte de dividir y unificar- por historia. Deseando habitar nuestro propio reflejo, en la máscara, en la apariencia, constatamos una presencia que se nos escapa porque no tiene piel. De ahí que la organización estructural para encauzar este esfuerzo inútil tome su fuerza tanto de esas creencias proyectadas en las religiones, como en experiencias empíricas mediatizadas por la ciencia. El humanismo y el nihilismo son corrientes alternas que tejen las redes en las que descansa la visión imperativa de un mundo agotado que se descuartiza.


Para la mayoría de los individuos, y ante la pesadilla de sobrevivir en lo cotidiano, se nos ofrece el sueño de una especie de encantamiento hacia la esperanza, ya sea por vía de la fe o por aquél otro trasunto del conocimiento empírico; como si hubiera puentes dispuestos para atravesar el abismo. Todo sintetizado en ese intento de restituir el equilibrio en la economía de la muerte, a través de los avances tecnológicos, por todo aquello que se le hubo detraído por las matanzas colectivas en el ejercicio de cualquier soberanía.


Excelencia, calidad, eficiencia, eficacia, etc., diamantes para la perfección elaborados con carbono extraído de los inagotables yacimientos de osarios del mundo laboral.

9/03/2009

EL SITIO

Siempre estamos en otro sitio. (Montaigne)


Desde la tierna infancia los próceres de la educación van buscando para ti el sitio adecuado en el que puedas desenvolverte o mejor normalizarte, y así puedas ser realizado en eso que se ha dado en llamar vida. Tratan con ello de contestar a una pregunta que tú nunca te llegaste a formular porque no fue necesario: ¿Qué pinto yo aquí?. Es la ofuscación por tener una respuesta lo que generó aquella pregunta, al igual que, en su contexto, la liturgia de cada rito acaba siempre por conformar –convocar- a su ser mitológico. De ahí aquello de que el poder, o quien lo ejerce, siempre tiene respuesta para cada pregunta, o tambien, solución para cada uno de los problemas que él mismo genera.


El sitio quiere buscarse, en otras ocasiones, en aquello relativo a “la pertenencia”. Uno se entrega, sin saberlo, a una especie de coagulación mental vinculada a una superficie asfáltica por la que deambula. Sin quererlo encuentras tu sitio por el lugar en el que vives, de ahí que, automáticamente, se te descubran signos compartidos de identidad y te sientas por ello identificado con lo extraño como si ya fuera propio. Entonces, uno habla de pueblo o de raza, en plural, de nosotros, y percibe que comparte modos y formas de exteriorizar sentimientos, valores morales de una tradición que se pierde en la aurora de los tiempos. Ese sitio entonces se hace patria, ciudad, barrio, pueblo o lengua, etc, como algo que ofrezca la suficiente resistencia a no desvirtuarse por las tentativas de modificación que ejerce el narrar del tiempo o del verbo. Un espacio, si se prefiere, en el que uno se cobija para enfrentarse mejor al mundo.


Pero el sitio es también el lugar de trabajo, el hueco en el que te labras eso del por-venir, que por cierto siempre llega tarde, el lugar de lo determinado en el que te ejerces como función, en dónde puedes contrastar la aparente utilidad en la acción de tus actos con la inutilidad que se desprende de sus consecuencias. Entonces te vinculas a un fin como un vivalvo se adhiere a su roca, y para no desprenderte, porque eso sería abismarse, te aferras a ella con la fuerza del lapasorri.


La ubicación en el mundo, el sitio, es un requisito para tu estabilidad emocional. Desde que dejamos la trashumancia como forma de interrelación con el medio necesitamos un lugar en el que proyectarnos como sujetos de una especie social. De ahí que cada uno busque un nicho en el que pernoctar, en el que poder ejercer, paradójicamente, la resignación como forma de resistencia pasiva a los cambios que impone por naturaleza la dinámica de lo vital. De tal modo que, sucumbido a esa tendencia hacia lo inerte, a la fosilización como apuesta de la poligénesis cultural que nos coloniza, te afanas por reproducir una rutina como garantía de seguridad, en esa estabilidad que requiere un estándar neurótico como ejercicio de mantenimiento, en la búsqueda de la dosis de angustia necesaria para satisfacer la dependencia que genera la infelicidad de las relaciones afectivas teñidas por un deseo orientado exclusivamente por lo mercantil; por un consenso en el ritual de las reacciones histéricas que acontecen en el azar de lo infructuoso, apego emotivo de lo compartido por la pertenencia a esa horda que cultiva el cinismo como principio moral y que pertenece a cualquiera de las elites de la estulticia.


El sitio es, en definitiva, esa morada vital que define el espacio interior de un objeto virtual en el que se consuman los sueños de eternidad que te certifican.

8/15/2009

DEL TENER AL USAR PARA SER

Hace tiempo que las cuestiones o siquiera las inquietudes relacionadas con el “ser” dormitan en los anaqueles de las estanterías de algún anticuario, pues aquella masa informe que respondía a esa denominación ya se consumió junto al idealismo y la metafísica de lo incircunstancial. La diatriba de “ser o no ser” que tanto juego supuso desde Hamlet derivó, con la llegada de la sociedad industrial, en un “tener o no tener” al haberse democratizado el acceso a los bienes de consumo como medida de impulso necesario para el desarrollo de las fuerzas productivas. Hoy la saturación de los mercados en cualquier ámbito expele los productos que ya no se pueden consumir, tanto por la saturación de la oferta, como porque el hecho de poseer ya no es una distinción sino una carga, un pesado equipaje que en la sociedad digital no tiene motivo.

La socialización de las fuerzas productivas y de los medios de producción, aquella utopía reservada para una vanguardia que travestida en laica y nihilista mantenía el fondo secular de las esferas ecuménicas del poder religioso no llegó a ser viable. Por el contrario, en la actualidad, mucha de la producción se ha digitalizado, por lo que ha pasado de ser adquirida a ser compartida, en una especie de socialización virtual de los objetos de consumo. A partir de aquí ya no deberíamos hablar de “libre comercio” sino de “libre intercambio”, ya no hablaremos de propiedad privada, sino de uso (consumo) compartido.

Todo esto viene a significar que el modelo de propiedad respecto a los bienes se ha tornado obsoleto, ya se trate de propiedad física, intelectual, o de marca, etc. Asistimos a una escena en la que “la Propiedad”, uno de los pilares del viejo sistema, se tambalea, y el otro, “el Estado”, está también aquejado de una fuerte descomposición por lo menos en cuanto al ejercicio particular de su soberanía.

El mundo virtual nos permite que disfrutemos del uso de los objetos sin necesidad de pertenencia de los mismos. Comprar se ha sustituido por usar. De ahí que a partir de ahora las estrategias de penetración de la industria se encaminen hacia la propagación y venta de “licencias de uso” y no de “los artículos en sí mismos”. Ya no se trata por ejemplo de que miles de sujetos compren un videojuego, sino de que lo usen en red a un precio más económico. Con esto la materialidad del objeto se ha visto despojada de la identidad que hasta ahora a él iba asociada, de este modo el deseo ya no se manifiesta como algo exclusivamente particular sino como algo obligadamente compartido.

Es en la medida en que nos adentramos en ese uso virtual del consumo compartido, como novedosa estrategia de ventas y por ende de control social, por lo que cada vez se hace más prescindible el “mundo real”. La satisfacción ya no está vinculada a intentar colmar un deseo sino a mantenerlo siempre activo a través de poderlo compartir. Es aquí en donde el sistema binario se trasciende al exigir para su unicidad la complementariedad de elementos pares.

La igualdad social viene pues expresada en la accesibilidad al uso y disfrute de los objetos virtuales, estableciendose al efecto rangos, vinculados a la pertenencia o no a determinadas redes, espacios y a su interconectividad. Así, la vieja ilusión de la independencia en “lo real” se ve sustituida por la dependencia interactiva en “lo virtual”. La libertad ya no se ejerce mediante elección sino por el uso de los contenidos asignables a cada rango.

Por ello la cuestión del “ser o no ser” descansa ya en el museo de lo melodramático habilitado al efecto, y la ilusión por "el poseer" yace moribunda en los basureros del fetichismo masculino. Solo el uso de lo virtual andrógino y neutro nos identifica tras materializarse, eso también, otra de las pesadillas del idiota anónimo de turno.

8/02/2009

TRANSPARENCIAS

“Todo ser vivo se inclina espontáneamente hacia formas de control por transparencia comunicativa, hacia pautas de autodirección”. (Antonio Escohotado)

En el marco de la ingente tarea que la especie desarrolla para adaptar la naturaleza a sus necesidades está sin duda la eliminación de todo aquello que pueda significar oscuridad y tinieblas, que no es otra cosa que contrarrestar el temor y el miedo atávico a ser agredidos violentamente en la oscuridad de la noche. Una vez controlado el fuego por el hombre ese temor a la oscuridad, a las tinieblas, se vio desplazado por la claridad que propició su dominio. Desde entonces la tarea ha sido perfeccionar los mecanismos de producción de luz para evitar en todo lo posible los espacios de oscuridad.


Con la ocultación de la noche en nuestras ciudades hemos velado también todo el cosmos estrellado, y con él todo aquello que nos recuerde nuestra insignificancia. De ahí que la arrogancia de la especie crezca en la medida en que secuestra la oscuridad y la luz se haya convertido en un elemento disuasorio sobre nuestra capacidad para discernir. Así, la productividad de la especie en su conjunto y con ella el denominado “progreso” ha aumentado exponencialmente al incrementarse las horas de luz. El hombre, confiscado en granjas de producción, dispone de más tiempo para poder aumentar su “confortabilidad ambiental y su esperanza de vida”, pero a consta de una devastación feroz sobre el ambiente. De este modo, iluminado por la gracia del neón, expolia la tierra mientras se destierra de su origen, de su enigma. Con todo ello, seremos seguramente recordados como la civilización del resplandor.


Pero la luz, en tanto que alumbra, también oculta y en ocasiones nos ciega. Hoy la tendencia comunicativa en las relaciones sociales es a lo translucido, lo transparente, pues todo aquello que no pueda ser visualizado no existe. En la cultura de la imagen, de lo visual, la luz es emergente, es un reflejo absoluto y omnipresente que no permite resquicios de penumbra, “dando cobertura a un orden que aspira a saber sin lagunas, pues sólo el saber total garantiza la protección total” (Wolfgang Safsky). De ahí que las imágenes hayan sustituido a las sombras, afirmando en dónde antes había duda, respondiendo en dónde antes sólo había preguntas. Por eso la luz es, también, la gran respuesta que nubla o acalla todas las interrogantes.


En términos históricos, en lo que atañe a lo religioso, el Dios de la luz fue considerado vencedor sobre el Dios de las tinieblas; en lo secular, el siglo de las luces iluminó y deshechizó el oscurantismo medieval. Desde siempre, tanto los iluminados han impuesto su visión refulgente sobre cualquier sombra de duda, como los visionarios han querido establecer el destino de los pueblos.


Hoy, ese afán por transparentar nos lleva a evitar la intimidad, considerándose lo privado cuando menos como sospechoso, porque todo ha de ser mostrable, visible, transparente... El cuerpo social se ha convertido en un gran voyeur que se escudriña a sí mismo sin dejar oportunidad para esconder absolutamente nada, salvo la muerte, ese reducto que le ha quedado a la oscuridad. De ahí que se identifique desde antaño la vida con la luz y la muerte con la oscuridad.


Pero es también este frenesí de lo visible el resorte que utiliza el poder para esconderse, en “el sueño de la absoluta transparencia de una sociedad cristalina” (Wolfgang Safsky). Nunca antes hubo tanta información y a su vez tanta ignorancia. Nunca hubo tanta transparencia del poder y a su vez tanto desconocimiento de sus mecanismos. Nunca el engaño fue tan manifiesto y sin embargo tan avalado por una credulidad generalizada. Nunca como hasta hoy la imagen suplantó al objeto, ni lo virtual a lo real. Lo natural se ha hecho extraño por agotamiento de existencias. Todo se quiere representar diáfano y translúcido, de ahí que lo irreal se muestre tan verídico como lo real fraudulento. Lo irreal es sugestivo y deseable, mientras que lo real es vulgar, tangible y desechable; lo irreal nos sugestiona mientras que lo real nos desvela; lo irreal evoca placer y lo real nos causa dolor.


La luz ha hecho que se trascienda la existencia a través de la simulación. De ahí que sólo sea aquello que aparenta ser. La esencia hoy es apariencia: sombra sin cuerpo.


La luz como estandarte del nihilismo, sin origen ni destino, ha borrado todo aquello inconsciente temido, pero, a su vez, nos ha hecho más temibles pero no más conscientes. Todo se representa aunque nada se manifieste, todo se habla pero nada se dice, y así, el recuerdo se cultiva como un ejercicio de olvido sistemático. Lo ejecutivo se refuerza frente a la debilidad de lo meditativo. Lo efímero es un valor recurrente, tan prescindible como para apreciarse en el mercado. Lo obvio se traviste en descubrimiento y lo intangible es el patrón del valor de cambio. Lo absoluto o lo infinito frente a lo relativo y transitorio; cualquier ruido frente al silencio. Es esta la transparencia de un mundo sin enigma, la transparencia de la confusión. “Confusión será su epitafio”. Pete Sinfield.


¿Es el tropismo de la especie hacia la luz una vía hacia un sin desenlace, la condena perpetua por nuestra ignorancia?. ¿De ahí que, como nos previniera Michael Foucaultel límite del saber sea la transparencia perfecta de las representaciones a los signos que las ordenan”?


Parece que el mundo de los signos vence al mundo de los símbolos, en gran medida, gracias a la luz.


7/13/2009

SOMBRAS

"La Llama" RODRIGUEZ SILVA 2008

Foto: Claudio del Campo

“En el principio no estaría el caos, sino una sombra proyectada”.(Hans Blumenberg)

Es este un mundo sin sombras, en el que todos y cada uno permanecen tan iluminados como evanescentes, en el que cada personaje se representa, se proyecta, en un frontispicio esculpido de lo inerte.

Es este un mundo de oquedad en el que se prescinde de la Nada, “esa sombra que acompaña a cada ser” (E. Trias), para consustanciar en un cuerpo amorfo, viscoso y gelatinoso, que rezuma tanta competencia como estulticia, tanta simpatía como acritud, tanto rigor como vesania.

Buscar entonces la sombra es buscar al menos, desde los sentidos, las huellas que presagian un cuerpo, su contorno, su forma. Pero los sentidos hoy son alimentados, excitados, por ilusiones distorsionadas cuya función es uniformizar a cada conciencia, como a “criatura sin sombra” (R. Argullol), mediante impactos publicitarios que inciten a desear, a poseer…

Ya Plinio y Quintiliano propusieron contornear la sombra como “punto de inicio a partir del cual el pintor elabora su obra”. Y así es, con cierta frecuencia, como acontece que la línea de sombra –vertical- se desdibuje tanto como la línea del horizonte –horizontal-, y que por tanto, desde una ilusoria quietud, lo real se nos ofrezca a la vista de modo infundado y gratuito, desde un único plano y sin coordenadas.

El fondo de un cuerpo, de la materia en su representación, habrá de buscarse en su sombra, o más exactamente, en el contorno de su sombra. De ahí que aquella mirada que se quiera expectante permanezca hoy extraviada en la perplejidad que ofrece todo aquello que es irreconocible por ser imposible de evocar. Porque, aquella forma que nunca se haya visto no se reconocerá a pesar de que se represente y se nos muestre.

Reconocer es un acto de metamorfosis que se nos facilita cuando la materia se muestra en sus formas, en sus contornos, pero con sus sombras. Ese es el modo como ampliamos y podemos profundizar en el enigma a través del conocimiento. La cuestión del reconocer en la pintura nos hace que ésta pueda ser cercana, por asequible al espectador, en la medida en la que el pintor se pinta, se muestra… El objeto de la pintura busca así representar la sombra de su autor y, dentro de ella, aquello que él ha identificado y desea mostrar. La pintura como tal contribuye entonces a desvelar y no a ocultar. De ahí que pintar sea entonces, como en China, reproducir semejanza, dar forma, identificar.

La matería-símbolo; el trazo-signo; caos y orden; lo amorfo frente a lo conformado; lo que se expande frente a lo que retiene. Es aquí, en esta tu pintura, en donde se aprecia que la tensión de lo extenso se ve delimitada por la imposición de lo mecánico, de esa constante línea vertical que violenta a la materia, al cuerpo, al deseo…. imponiéndose rectilínea, secuenciada, paralela y bifurcante como un algoritmo que no aspirase ya a solución alguna. Así, en lo matérico, el relieve sustituye a la sombra, ya que el trazo no la crea porque lo que hace es obturar la luz que emana, en este caso, de la materia elegida y del color que transpira sobre el metal-bastidor, como cuerpo del deseo… Por tanto, no es esta una pintura de representación sino más bien representación de la pintura. Dado que la luz viene de la propia composición, es focal y monocroma, por lo que la sombra habría que buscarla, entónces, fuera de la propia composición, en el espectador que, para representarse, para mirarse, debe buscar su sombra, debe dejarse iluminar a través de su abandono, debe dejar de mirar en donde no se muestra para poder encontrarse en algún pensamiento como la “sombra proyectada de esa Nada sobre la superficie del mundo real” (T. Tzara).

Lo inquietante de esta tensión, de la intensidad que acontece, es lo imprevisible de su suceder. ¿Cómo resolver el cruce de miradas que se interrogan?.¿Cómo rescatar la mirada del secuestro de la quietud de lo inerte ante un espacio vivo pero ajeno al lienzo?. ¿Cómo enfrentar una sombra ajena a su representación?.

Poseídos por el propio deseo de poseer, secuestrados por la imagen que se proyecta desde la pantalla en cada retina, los números hacen serie, y las series tramas, y las tramas redes, y las redes espacios, y los espacios crean el vacío en el que se drena la sangre de cada espectador. La composición es un trenzado que exige víctimas, sin nombre, sin causa, sin sombra…

¿Acaso, ”el pensamiento crece en la incomodidad de su sombra” (E. Jabés)?. No, el pensamiento crece porque es el paso de la sombra, conciencia de la sombra para siempre reducida, excluido, comprobada, deshecho…de la sombra, plenitud de vacío, en donde cada astro, aún y así, resplandece. Por ello se puede concluir que “la sombra del capital es el valor, la sombra del poder es la representación, la sombra del sistema es la realidad, y aquél que ha perdido su sombra es tan sólo la sombra de sí mismo” (J. Baudrillard).

Porque si “la vida es una sombra que se ejerce, ¿qué es el viento sin sombra, sino una nada a sí misma abrazada”?. (Leopoldo María Panero)

Así como el plano horizontal nos acerca -el fondo en el lienzo-, el vertical –las incisiones que suplantan al trazo- nos separa. La incisión metódica, exacta, crea un espacio inapreciable que es el que amalgama fondo y forma, y en el que se sustenta cada obra. Cada color se encuentra allí retenido como las estaciones secuestradas por cronos. No son ellas las que rebosan sino que es la secuencia vertical la que determina: diversidad de estadios posibles ante una misma situación, como una imposición rítmica sobre la composición de los sonidos. Pero el tempo también se mide por su sombra, por su eco, de ahí qué “sólo lo que no tiene sombra sea eterno” (Chantall Maillard). Es hacia esa intemporalidad hacia donde se proyecta ese vector que emana de la tensión en cada composición. A su vez, la simplicidad tanto de los elementos matéricos como de color evoca un cierto tono dramático, por mucho que el ojo tienda, para valorar cada obra, a una ubicación hipotética de la misma en algún espacio cotidiano propio.

Si como expresara Píndaro y luego reiterara Unamuno “somos sueños de una sombra”, la vigilia que nos ocupa lucha por imponerse infructuosamente, y quizá, por ello, con “permanecer inasequibles a nuestra propia mirada buscamos al menos ocupar un punto de sombra”. (E. Bloch). ¿En dónde encontrar ese punto?. ¿Prescindiendo del mundo, retornando a la Caverna?. ¿En la Nada, sombra de la conciencia enteramente desasida de cosa alguna y de aquello que la sostiene; su trasfondo. (María Zambrano)?. ¿En ese hombre virtual que propone Paul Virilio “convertido en sombra de sí mismo”?.

Aún así y todo, somos aquellos que dependen de una sombra que se cruza con la mirada al pasar.

4/21/2009

EL COMPROMISO

El equilibrio emocional es un estado intangible, vaporoso e inalcanzable, pero en nuestra sociedad se promueven todo tipo de fórmulas, a modo de elixires, que prometen la añorada estabilidad, produciendo sin embargo profundas desestabilizaciones en lo personal y lo social. Una aproximación a las mismas se puede realizar a través del análisis de fenómenos que nos ofrezcan el suficiente contraste para poder discriminar en esos procesos, como, por ejemplo, el fenómeno del acaparamiento.

Se pueden establecer dos grandes morfologías vinculadas con este rasgo de la personalidad: aquellos representados por los que ACAPARAN, siempre dispuestos a un “SÍ quiero”, y los que PRESCINDEN, distinguidos por su “NO me interesa”.

De cada una de estas dos grandes tendencias es destacable que ambas obedecen a dos tipos de flujos en su posible respuesta: aquella por la que se afirma por el placer de no comprometerse, u otra, por la que se niega por el dolor de comprometerse.

Pero lo trascendente no es la respuesta o el compromiso que se adquiere o se evita, sino ante qué o con quien se establece ese compromiso.

Hoy el compromiso es una especie singular de fidelización exigida por las marcas comerciales, o por las organizaciones corporativas, en su tendencia hacia la excelencia en sus prácticas de mercado. La fidelidad es pues, ante todo, la expresión de un compromiso en todas nuestras relaciones, que no son otras que económicas o mercantiles. De aquí insoslayablemente que una crisis en los mercados económicos y financieros tenga que desencadenar consecuentemente crisis en las relaciones interpersonales. A pesar de ello, y paradójicamente, es ante esta situación cuando han disminuido el número de separaciones de parejas, obligadas las personas como están por compartir la penuria de una situación económica adversa. Eso no significa, desde luego, que el compromiso se refuerce, por el contrario, se debilita por la negativa a ejercer la libertad de elección, manteniéndose las relaciones por simple obligación de subsistencia.

Situarse en relación de compromiso es una tarea delicada por cuanto requiere habilidad para que esa maniobra, que siempre vincula a otros, lo haga hacia nuestro interés y pase lo más desapercibida posible. De este modo, el compromiso se materializa, a través de la intangibilidad de su expresión, a través de vínculos sociales inexistentes, en los que se teje la red de múltiples relaciones humanas vacías, o en relaciones simbióticas de corta duración, en las que los sujetos se afirman automáticamente por el placer de no comprometerse. Es lo que podemos denominar “el compromiso del no comprometido”.

Su comprobación pasa por la inversión de las relaciones de causalidad, que hasta hoy interpretábamos erróneamente: es la reacción lo que produce la acción. Son las reacciones suscitadas las que marcan el tono de un debate; es la reacción la que disuelve los límites de una confrontación; es lo denominado reaccionario lo que se impone afirmativamente por el placer de comprometerse. El signo de todo ello es la interjección, en dónde todo se contiene sin contenido y muere en su significación.

El comprometido antes se liberaba en la medida en que fijaba una posición, exigía del otro una respuesta no establecida, pero hacia una finalidad, en un sentido, en una orientación, era regla de un juego entre ambos. Hoy su falta retiene en la medida en la que se deslocaliza a cada sujeto, en un juego sin reglas y entre nadie.

4/06/2009

LO CORRIENTE

Lo corriente es algo habitual, dinámico, tiene un trasfondo estable pero se traviste al presentarse. Lo corriente se muestra cercano y próximo pero a la vez se nos escapa porque no es lo que se desprende de lo tangible, sino, paradójicamente, de lo inefable. Corriente es tan común como un río de aguas mansas cercano a su desembocadura, cada vez más caudaloso por la barrera oceánica que impone cada marea y a su vez menos profundo. Corriente nos deja helados cuando deambulando por entrepuertas buscamos refugio al apercibirnos de un trasiego molecular ventisco. Corriente es el agua, cuando mana, de la que no disponen para saciar su sed los pueblos resecos. Corriente es una personalidad que destaca por no destacar y que mantiene un deambular uniformemente constante. Corriente es toda esa atmósfera de desconfianza que hay entre aquellos que no quieren reconocerse. Corriente es una connotación adjetiva y sustitutiva de lo que no se quiere singularizar o personalizar. Corriente es un don, un atributo, que al desprenderse nos despoja de los excesos de personalidad. Corriente es un nadie que no aspira a ser alguien. Corriente se mantiene estable a pesar de las diferencias de potencial de los polos opuestos en los que alterna. Corriente nos hace percibir aquello que cada uno es incapaz de reconocer por sí mismo en un contexto social concreto. Corriente es una ecuación que se despliega sin despejar ninguna incógnita. Corriente es una esencia que no ha dejado reconocerse. Corriente es la mirada que se pierde cuando nada es ya de verse. Corriente es el giro de 360º. Corriente tiene un destino que se nos hace “familiar”. Corriente es una muerte que no clama su nombre y que se siente, como la sombra de un ausente cuando se pierde, despistá. Corriente nos recoge y nos traslada invariablemente hacia poniente en un ejercicio circular. Corriente es todo instante que no se hace perceptible. Corriente es un cociente invariable de presente. Corriente es aquello que se perpetúa en todo lo que es evanescente. Corriente es la vileza que circula para intercambiar la incertidumbre en que se disfraza la circulación de la miseria. Corriente es el silencio que se desploma tras los pasos de una ausencia. Corriente es la vida que pasa sin dejar huella, saciada sólo por su vivencia. Corriente es lo intangible que deambula por el espacio de un poema suspensivo.