PENSAMIENTOS INÚTILES

Compartir lo efímero, testimoniar lo disoluto, aullar ante el silencio. Aulla! Aulla!

4/21/2009

EL COMPROMISO

El equilibrio emocional es un estado intangible, vaporoso e inalcanzable, pero en nuestra sociedad se promueven todo tipo de fórmulas, a modo de elixires, que prometen la añorada estabilidad, produciendo sin embargo profundas desestabilizaciones en lo personal y lo social. Una aproximación a las mismas se puede realizar a través del análisis de fenómenos que nos ofrezcan el suficiente contraste para poder discriminar en esos procesos, como, por ejemplo, el fenómeno del acaparamiento.

Se pueden establecer dos grandes morfologías vinculadas con este rasgo de la personalidad: aquellos representados por los que ACAPARAN, siempre dispuestos a un “SÍ quiero”, y los que PRESCINDEN, distinguidos por su “NO me interesa”.

De cada una de estas dos grandes tendencias es destacable que ambas obedecen a dos tipos de flujos en su posible respuesta: aquella por la que se afirma por el placer de no comprometerse, u otra, por la que se niega por el dolor de comprometerse.

Pero lo trascendente no es la respuesta o el compromiso que se adquiere o se evita, sino ante qué o con quien se establece ese compromiso.

Hoy el compromiso es una especie singular de fidelización exigida por las marcas comerciales, o por las organizaciones corporativas, en su tendencia hacia la excelencia en sus prácticas de mercado. La fidelidad es pues, ante todo, la expresión de un compromiso en todas nuestras relaciones, que no son otras que económicas o mercantiles. De aquí insoslayablemente que una crisis en los mercados económicos y financieros tenga que desencadenar consecuentemente crisis en las relaciones interpersonales. A pesar de ello, y paradójicamente, es ante esta situación cuando han disminuido el número de separaciones de parejas, obligadas las personas como están por compartir la penuria de una situación económica adversa. Eso no significa, desde luego, que el compromiso se refuerce, por el contrario, se debilita por la negativa a ejercer la libertad de elección, manteniéndose las relaciones por simple obligación de subsistencia.

Situarse en relación de compromiso es una tarea delicada por cuanto requiere habilidad para que esa maniobra, que siempre vincula a otros, lo haga hacia nuestro interés y pase lo más desapercibida posible. De este modo, el compromiso se materializa, a través de la intangibilidad de su expresión, a través de vínculos sociales inexistentes, en los que se teje la red de múltiples relaciones humanas vacías, o en relaciones simbióticas de corta duración, en las que los sujetos se afirman automáticamente por el placer de no comprometerse. Es lo que podemos denominar “el compromiso del no comprometido”.

Su comprobación pasa por la inversión de las relaciones de causalidad, que hasta hoy interpretábamos erróneamente: es la reacción lo que produce la acción. Son las reacciones suscitadas las que marcan el tono de un debate; es la reacción la que disuelve los límites de una confrontación; es lo denominado reaccionario lo que se impone afirmativamente por el placer de comprometerse. El signo de todo ello es la interjección, en dónde todo se contiene sin contenido y muere en su significación.

El comprometido antes se liberaba en la medida en que fijaba una posición, exigía del otro una respuesta no establecida, pero hacia una finalidad, en un sentido, en una orientación, era regla de un juego entre ambos. Hoy su falta retiene en la medida en la que se deslocaliza a cada sujeto, en un juego sin reglas y entre nadie.

4/06/2009

LO CORRIENTE

Lo corriente es algo habitual, dinámico, tiene un trasfondo estable pero se traviste al presentarse. Lo corriente se muestra cercano y próximo pero a la vez se nos escapa porque no es lo que se desprende de lo tangible, sino, paradójicamente, de lo inefable. Corriente es tan común como un río de aguas mansas cercano a su desembocadura, cada vez más caudaloso por la barrera oceánica que impone cada marea y a su vez menos profundo. Corriente nos deja helados cuando deambulando por entrepuertas buscamos refugio al apercibirnos de un trasiego molecular ventisco. Corriente es el agua, cuando mana, de la que no disponen para saciar su sed los pueblos resecos. Corriente es una personalidad que destaca por no destacar y que mantiene un deambular uniformemente constante. Corriente es toda esa atmósfera de desconfianza que hay entre aquellos que no quieren reconocerse. Corriente es una connotación adjetiva y sustitutiva de lo que no se quiere singularizar o personalizar. Corriente es un don, un atributo, que al desprenderse nos despoja de los excesos de personalidad. Corriente es un nadie que no aspira a ser alguien. Corriente se mantiene estable a pesar de las diferencias de potencial de los polos opuestos en los que alterna. Corriente nos hace percibir aquello que cada uno es incapaz de reconocer por sí mismo en un contexto social concreto. Corriente es una ecuación que se despliega sin despejar ninguna incógnita. Corriente es una esencia que no ha dejado reconocerse. Corriente es la mirada que se pierde cuando nada es ya de verse. Corriente es el giro de 360º. Corriente tiene un destino que se nos hace “familiar”. Corriente es una muerte que no clama su nombre y que se siente, como la sombra de un ausente cuando se pierde, despistá. Corriente nos recoge y nos traslada invariablemente hacia poniente en un ejercicio circular. Corriente es todo instante que no se hace perceptible. Corriente es un cociente invariable de presente. Corriente es aquello que se perpetúa en todo lo que es evanescente. Corriente es la vileza que circula para intercambiar la incertidumbre en que se disfraza la circulación de la miseria. Corriente es el silencio que se desploma tras los pasos de una ausencia. Corriente es la vida que pasa sin dejar huella, saciada sólo por su vivencia. Corriente es lo intangible que deambula por el espacio de un poema suspensivo.

3/28/2009

OTROS TUMBOS PARA LA INDUSTRIA DE "LA MÚSICA"

La reconversión de este sector económico de la Industria basado en el CD es inminente, estamos ya en él. En Londres queda una sola superficie importante que vende CD, y en ella sólo la cuarta parte de su oferta comercial va dedicada a este producto.


¿Cuál es ese presente que ya se atisba?. Quizá parte de la industria perviva a base de destrozar sus propios productos, es decir aplicar la técnica de la deconstrucción posmodernista a todo lo ya producido. La tecnología para ello está a punto de salir: plugins con la capacidad de separar cada instrumento de un tema en distintas pistas, y poder manipular a continuación cada una de ellas con otros plugins. Todo dentro de un programa editor que permite mover cada parte donde queramos, y también la posibilidad de pasar cada melodía o riff a partitura para que vía MIDI pueda ser reproducido con la aplicación de otro instrumento distinto al utilizado en la producción “original”. Esto abre muchas posibilidades de realizar nuevas mezclas o modificaciones sobre éxitos de la industria. Para qué molestarse en producir nuevos temas si con ese revival y la deconstrucción pueden volver a venderse millones de temas por Internet.


Hoy los “artistas” que ya están en nómina están pasando a producir réditos desde el directo. Han de renegociar sus contratos, y en ellos se contempla que la Compañía, ahora también como agencia de management que organiza los conciertos, les descuenta un porcentaje elevado de su caché, entre el 30 o 40 %. Además, las compañías monopolizarán las salas de conciertos, por asociación o absorción, estableciendo sus circuitos para mover a sus currantes, los músicos. A De ellas también cobrarán parte de sus ingresos.


¿Y que queda del CD?. Pues que será un artículo de merchandising, un regalo en promociones o junto a la entrada del concierto de turno. Quizá se mantenga con muchos extras como producto para los fetichistas-coleccionistas de lo absurdo (fundamentalmente masculinos), aunque son muchas las posibilidades de vuelta al vinilo.


¿Y qué harán las sociedades que velan por los derechos de los autores o “artistas”?. Pues curiosamente garantizar a las compañías que sólo se dan conciertos con derechos en las salas de sus circuitos, porque hacerlo en cualquier otra no será rentable para el músico, por los altos cánones que se van a imponer en los locales que quieran ofrecer música en directo, lo que limitará la competencia, y todo con la disculpa de que esa es la mejor forma de proteger los derechos de sus socios.


Con lo cual todos aquellos músicos o instrumentistas que no estén en el negocio de las compañías tendrán que tocar en su casa o en la calle, mientras les dejen. Quizá con el tiempo haya locales de 1ª, 2ª y de 3ª categoría … vete a saber si el negocio va bien….


¿Y que van a hacer las emisoras de radio de este sector?. Desde luego seguir cobrando de las Compañías pero también veremos su reconversión. En primer lugar la de sus locutores, que también se harán “artistas”, ya sea destrozando, con la deconstrucción ya descrita, los hits clásicos o creando una nueva figura próxima al dj, que realizará esa deconstrucción con herramientas menos sofisticadas, más burdas: unos cuantos filtros y la definición de su sonido. ¿La fórmula?. Por un lado crear un “sello” para la voz que la distinga a base de filtros, y por otro, pasar toda la música que emita por otra cadena de filtros, “singularizándola”. Un destrozo en toda regla pero eso sí con sello, con marca.


Por otro lado emitirán, desde los trust de cada cadena de salas de cada sello discográfico, conciertos en directo, con una producción diferida, eligiendo distintos escenarios, distintos grupos, distintos estilos. Y eso con imagen y sonido por Internet a cualquier tipo de reproductor…. a un módico precio y, con el tiempo, seguramente a la carta.

Eso es lo que viene y ya se ve que meter ahí el hocico como músico estará aún bastante complicado.


La alternativa, que siempre la hay, puede ser la dispersión absoluta: una diáspora exponencial de contenidos en directo y en la red que nadie controle, autoproducciones y conciertos sin control, sin derechos ni obligaciones, de dominio público, participativa, con creatividad constante, efímera y por ello real –que eso es la música en directo-, frente a la deconstrucción de lo virtual y todo su revival de una industria que niega la música por un producto de escasa calidad que nada tiene que ver con ella. Porque el arte de la música -con minúscula- volverá a lo real, a lo tangible aunque efímero, a la vibración en el instante, a la frescura de la interpretación, a la vida … al margen de la contaminación acústica, y en su mayoría de muy mal gusto, que genera la industria.

3/21/2009

ELLO

Ello confía en que fuera desapercibido el ejercicio de su poder
Ello desconoce que es cautivo de su dominio
Ello, en nuestra ignorancia, nos revela su inconsistencia
Ello es un sustraído que juega a ser secuestrador
Ello verifica sobre lo circunstancial las posibilidades de un ajuste de cuentas entre lo vivido y su representación
Ello se impone por la dejación de un pensamiento inhumano
Ello es un converso que se mira desde la ubicuidad
Ello es un plural inoculado en cada singularidad
Ello se previene de mí administrando su ferocidad
Ello es el resultado de la invocación multitudinaria generación tras generación de seres espectrales
Ello es el medio por el que nos hacemos compatibles en lo disoluto
Ello sin un posesivo no se objetiva
Ello aspira a una disolución que pase desapercibida
Ello suplanta a cualquier personaje hasta la incondicionalidad
Ello es el suplantado de la matriz del anonimato
Ello mira pero no ve
Ello es causa de dolor para sentirse viviente
Ello suplanta el terror del cosmos por un horror vacuo
Ello pretende desdibujar con la indiferencia su debilidad
Ello aspira a replicarse en continua metamorfosis genética
Ello no nos disculpa, sino que nos incrimina
Ello nos condena a una percepción de la inmutabilidad inconstatable
Ello es la causa absoluta de nuestra inconsecuencia
Ello es un polímero de formulación incierta que se sustancia
Ello busca un afín que lo corporeice
Ello no se cuestiona ante la duda porque se constata en lo indeterminado
Ello se nutre siempre de un deseo que no le pertenece
Ello transita hacia un placer intransitivo
Ello es un personaje avenido para escenas de sonambulismo compartido

3/14/2009

NADIE

Nadie espera tras un nombre para evocar los objetos
Nadie no se esconde bajo un rostro que no quiere aparecer
Nadie no comprende su tiempo si no es por evasión
Nadie me acompaña en un discurso de silencios compartidos
Nadie sabe que su ausencia no me reconforta
Nadie me dispensa el silencio necesario para interpretar sin interferencias
Nadie me objetiva en lo físico del acontecimiento
Nadie no me ensombrece cuando aspiro a convencer
Nadie cuando llega extiende mi abrazo
Nadie desconoce que constatar su presencia me reconforta
Nadie debe asumir que es objeto de mi pasión por su insustancialidad
Nadie confía en que distinga en su presencia lo inobservado
Nadie me mira y eso no me distrae
Nadie se objetiva mientras desaparece
Nadie tiene la fuerza de la evocación y la debilidad del aserto
Nadie acapara mi atención hacia la indistinción
Nadie contiene un presente vació sin presencias ajenas
Nadie es la respuesta contundente a mis invocaciones más secretas
Nadie no llama y aún así me apremia a responder
Nadie responde con su silencio cuando me dejo callar
Nadie es una obsesión multitudinaria que crepita en silencio
Nadie permite encontrar lo que no se busca mientras no se ausente
Nadie no establece condiciones para que pueda crear silencios
Nadie no se expresa pero acoge sin juicio una insinuación
Nadie es suspensivo y por eso abre vereda
Nadie no se interroga porque no se refleja, aunque sí se presiente
Nadie no escribe ni habla pero refuerza la inteligibilidad de mi discurrir
Nadie se enclava y aún así consigue que me desprenda
Nadie entonces me contiene y me abandono

3/08/2009

OTRA SOMBRA QUE NOS REPRESENTA

Internet nos ofrece dos grandes vías de embrutecimiento posmoderno: por un lado, la cultura virtual que es ante todo propaganda; por otro, el mesianismo que generan todo tipo de elucubradores con fines propagandísticos. La cultura de la información es la cultura de la propaganda, y tanta información no es más que intoxicación.

Internet es un gran bazar en dónde todos se exponen sin enseñarse, en donde todos aparecen sin mostrarse. Un gran bazar que se va vaciando en la medida en que se va llenando, lo paradójico inherente al término que lo define: "realidad virtual".

Internet es el nuevo ágora en donde el murmullo eclipsa cada voz, en dónde un estruendo conmina a la fruición sin sujeto, porque se aspira a ser únicamente objetual. Un espacio, no un lugar. Un espacio para la simulación.

Es la imagen que hoy se representa en la caverna. Imagen que aturde a la conciencia secuestrándola, distrayéndola.

Internet ha dado un impulso a la esfera especulativa, no en el sentido de plantear nuevas preguntas, sino en el de ofrecer y garantizar las mismas respuestas. Es, por tanto, la respuesta a un mundo físico agotado, esquilmado, desustanciado... sin futuro. INTERNET es el modelo al que tendrá que adaptarse el "mundo real", porque todo lo que no esté en él –digitalizado- ya no será.

Lo actual es lo virtual. De no mediar la digitalización no habrá reproducción. Como alternativa seriada a lo biológico deberíamos considerar que el código binario es, en un principio, equiparable en sus albores al código genético. Y hay un riesgo de contaminación de lo binario en lo orgánico, que será un factor determinante para el desarrollo ectoplasmático.

INTERNET es un paso más en nuestro camino para desprendernos de la realidad, para alejarnos de una naturaleza que nos es extraña, para combatir nuestro agonístico extrañamiento del mundo.

Este es uno de sus mensajes: "los peligros del mundo actual frente a la seguridad del mundo virtual". Y ante él, rendido de antemano, cada sujeto aguarda una señal que le indique en qué debe protejerse, cuál es la amenaza, dónde está el peligro. Son todos ellos elementos de la promoción de la inseguridad que exige nuevas medidas de control y de orden, de prevención y de profilaxis, ante el temor de lo imprevisible, de lo caótico, de la incertidumbre.

3/01/2009

LA VIA PURGATIVA

Una vez desplomado el sistema Comunista, de economía planificada local y centralismo de Estado, le ha tocado el turno sistema Capitalista, de libre mercado y economía especulativa globalizada.

Tanto la regulación y planificación de las fuerzas productivas y los medios de producción no han podido sobrevivir a su propio control, como la desregularización del liberalismo económico no ha podido evitar el colapso financiero ante la incertidumbre sobre el mercado de futuros en el que se asienta la especulación financiera.

La confluencia en los resultados de ambos sistemas, que con una diferencia de 20 años afectaron y afectarán a millones de personas, pone de manifiesto su incapacidad para mantener en equilibrio la inestabilidad perentoria de la especie humana en su conjunto.

Si bien China ha realizado durante estos 10 últimos una vía de perfeccionamiento del Comunismo de Estado, mostrando una especie de síntesis a las contradicciones entre ambos sistemas, más bien habría que precisar que la bipolaridad establecida, entre un férreo control político y social junto a una importante desregulación económica, obedecían también al fragor del expansionismo financiero del primer mundo, que encontró, por esas mismas razones, una oportunidad de trasvasar e invertir los excedentes de capital en ese nuevo “eldorado” a través de la deslocalización de empresas y la elaboración de manufacturas, sin la ponderación que el consiguiente riesgo a medio plazo podría implicar para la economía del primer mundo. Esto nos hace constatar que también a este nuevo actor de la tragedia, muy a su pesar, le ha pasado factura lo que ocurre en la esfera del teatro global, y que la convivencia de dichos sistemas en la vía China no era más que otra versión del Capitalismo salvaje por abrir nuevos mercados.

Así pues, en esta encrucijada en donde hoy nos encontramos, es previsible que ahora el Capitalismo invierta la polaridad de sus diodos a fin de evitar el previsible cortocircuito. Esto siginifica, como ya se está constatando con las medidas de intervención de algunos Gobiernos como el inglés sobre algunos de sus bancos, la intervención del Estado como estrategia para la estabilización de la crisis financiera, lo que acarreará inevitablemente las medidas de planificación de la economía, así como también, una nueva regulación de los sistemas financieros. Esto, a priori, constata un mayor control de lo político sobre lo económico.

Nada se ha hablado todavía del giro que ha de producirse inevitablemente en los Estados para poder capear el descontento social provocado por la crisis económica sobre los sistemas de protección social, que a medio plazo verán cercenada o en todo caso minorada parte de su cobertura, junto a un amplio proceso de desclasamiento de importantes sectores de población. Aquí es en donde también puede ser previsible un control férreo sobre los movimientos de descontento social, que a buen seguro desbordarán las estructuras que hoy ejercen la contención, sindicatos y organizaciones políticas, poniéndose a prueba los sistemas de representación como elementos de ese control, por lo que será previsible el retorno al maniqueísmo político, a la demagogia más desgarrada que pondrá el énfasis como opción en discursos xenófobos, racistas, populistas y nacionalistas.

Será pues a partir de ahora un momento oportuno para que se contrarreste contundentemente esos intentos que de seguro propondrá la oligarquía económica y la clase política corrupta para imponer de nuevo sus intereses a través de propuestas de maquillaje y confusión que pretenderán enfrentar a las víctimas entre sí, con el fin de minimizar y desprestigiar las expectativas que se han de crear por la toma de conciencia sobre la nueva situación, que a buen seguro buscarán soluciones imaginativas en otros valores próximos a la solidaridad, el apoyo mutuo, el equilibrio ecológico, lo colectivo y la igualdad.

2/22/2009

¡SORPRENDERSE!

Quizá sea esa la primera condición para que la materia tome forma, para que la forma adquiera sentido, para que el sentido desvele... y extraiga, del absurdo, alguna mota de hilaridad.

La disponibilidad a que se produzca esa sorpresa a través de algún fenómeno, como el despertar de la materia que sueña en nosotros conformando cartografías para la memoria, o diseñando espacios en los que poder ubicarnos, es lo que nos permite el gesto que module el momento.

Sorprenderse es no saberse, no aferrarse a lo pormenorizado, no asegurarse en los automatismos gestuales, es mostrarse sin desvelarse.

Con respecto al sonido, es sorprendente aquella ejecución que no exige la interpretación, o cómo la técnica se deshace en la expresión, una palabra que se desdice al pronunciarse, el argumento que se pierde en lo espontáneo, lo incierto de un pulso que no permanece sujeto al compás de lo constante.

Porque lo que acontece proviene de la sorpresa. Lo que ocurre es rutina, memoria que ordena cada elemento en la misma secuencia, plano sobrepuesto: historia sin desenlace.

Sorprenderse es fugarse hacia la inocencia, prescindir de lo conocido para instruirse en el conocimiento, discurrir sin la tensión de cada elemento, ser el transcurso y no lo que transcurre, confluir hacia la indistinción en un espacio de sombra magnética.

La sorpresa prescinde del nombre de su objeto, no tiene miedo al espanto, irrumpe y nos indetermina por un instante, nos une sin vincularnos como el sin porqué de la desvergüenza.

Sorprenderse es lo impúdico de una condición que se traiciona consecuentemente.

2/15/2009

CREATIVOS

En nuestra sociedad del anonadamiento compartido, de lo mimético e imitativo, ha surgido toda una corriente activa y revitalizadora sobre la personalidad que se fundamenta en la recuperación o promoción de actitudes restringidas hasta hace unas décadas a determinadas elites vinculadas con el mundo del arte. Nos referimos a los creativos.


Tanto la banalización del arte, a partir de la posmodernidad, con la pérdida de su objeto, la belleza, como a la ampliación de las formas tradicionales de expresión que este comportaba (bellas artes), y por qué no también, la extensión de sus posibilidades vinculadas a cualquiera de las ramas del sector productivo, han contribuido a democratizar aquello tan aristocrático como fue la “obra de arte”.


El espíritu creador reservado en principio a los Dioses pasó luego a los hombres en una especie de movimiento titánico que conllevó la transformación y explotación devastadora sobre la naturaleza, del propio ecosistema y por ello, consecuentemente, de su representación. El hombre pasó de representar las transformaciones del mundo a transformar sus propias representaciones hasta hacer desaparecer en ellas al propio mundo que las había inducido. Así, hemos pasado del horror al vacío a su imposición gratificante.


Si admitimos que la dicotomía y la dualidad se manifiestan como elementos paradójicos de cohesión estructural en nuestras sociedades, ya sea a través de la preponderancia de lo individual sobre lo colectivo, de la convivencia entre lo seriado y lo singular, en la obligada pertenencia a la manada y a la vez el riesgo a la exclusión social, o por la connivencia entre libertades y alienación, también habrá que contemplar como la libertad se ha convertido en el espacio en el que operan las marcas de la industria para satisfacer las necesidades que impone la obtención de beneficios, pues tal y como se nos sugiere, sin la libre competencia en el mercado ya no habría elección posible. Es aquí en dónde ya no cabe hablar de personas, sino de personajes.


Alimentar este espectáculo requiere de la prestación por parte de todos sus actores de actitudes comprometidas con su funcionamiento, entre ellas la de contribuir a mejorar la presentación de los productos para seducir a los potenciales clientes. Es aquí en dónde para ello se ha recurrido a la “creatividad”, tanto para producir como para consumir.


En este sentido, el personaje “creativo” se distingue por la aportación que realiza en cada segmento del sistema de producción, aportando el perfeccionamiento de los toscos automatismos que la manufacturación seriada conlleva, concediendo ese valor añadido a los productos para que puedan sobresalir en el tumulto de la oferta. Pero también “el creativo” ejerce, desde el consumo, una especie de contribución sobre la base de la originalidad en la combinación de los elementos que le sacien, en su capacidad para deshacerse frugalmente de lo objetos consumidos y rotar y rodar en la esfera de lo vacuo.


La creatividad ya no es una cualidad asociada a alguna destreza que se ejerce con esmero, sino un imponderable con el que hay que contar para ser competitivo en el mundo de lo seriado. Ser creativo es una obligación tan imperiosa como la de ser guapo, joven y dispuesto, aunque lo que se nos muestre sea feo, depauperado y apático.


Lo que antes era un don hoy es consustancial al modelo que se exhibe entre la competencia. Así, en un paroxismo de democratización real, se ha llegado a considerar que cualquiera, por el simple hecho de aglutinar materiales inservibles, conforma una instalación de arte, siempre y cuando ocupe el espacio reservado al efecto; o que por trazar una s pinceladas sobre un lienzo a granel se apellide entre bastidores como pintor; y no digamos para la música, nunca antes hubo tantos músicos pero menos música y tanto ruido sin armonía alguna. De la danza, qué decir si lo que prosperan son academias en medios masivos como la televisión, en las que concurren impostores a los que siempre se denominó como saltimbanquis. El teatro, por los malabarismos de los mass media, se ha reemplazado o incluso sustituido por la vida misma, hay una epidemia por representar el propio papel que uno se construye para significarse entre la manada sin importar en absoluto la intimidad u otros pormenores que ya no cotizan en la sociedad del espectáculo. Sobre la escultura, ya vemos como se materializa en formas vivas que deambulan como espectros por las pasarelas de la anorexia vinculados al arte de la costura y de la moda. Del cine , otro tanto si mayormente es un refrito de imágenes basado en composiciones culinarias con ingredientes porcentuales fijos relativos a violencia, sexo y estulticia, y todo ello aderezado con la sal de la animación virtual. De la arquitectura, qué objetar a esas formas mayestáticas que desafían al absurdo en las megalópolis que tan magníficamente representan la ignominia, la especulación y la corrupción política. De lo literario , que podemos decir si se vive como en una novela y la poesía se ha desterrado de la vida como las estrellas del firmamento.


Si, los creativos son los personajes que exige el mundo de la industria para sobrevivir a ella misma a través de un modelado publicitario, son los apóstrofes o mejor las prótesis que se le exigen al ciudadano para estar a la altura de las circunstancias, un piropo sobre lo neutro de nuestro vacuo malestar.

2/10/2009

LA GESTIÓN DEL DESPILFARRO

Hasta hoy la gestión del despilfarro, que es como Aldous Huxley definió el progreso en nuestra civilización, venía asegurada por la confianza de sus administradores sobre un futuro al que se le había sustraído cualquier atisbo de incertidumbre.

La evolución de la sociedad del deseo nos ha deparado, entre otras cuantas cuitas, una evolución del comportamiento consumista, en principio, tan tendente por acaparar objetos como hoy tan recurrente para prescindir de ellos, pues en donde antes se ahorraba para tener hoy se gasta para tirar. En este sentido, el necesario crecimiento económico para sustentar ese aumento del gasto compulsivo, del despilfarro, de los países desarrollados ha de entenderse como la mayor destrucción de recursos naturales jamás realizada, y con ello el consecuente empobrecimiento de amplias zonas del planeta para condena de sus poblaciones nativas.

Efectivamente, cada vez es menor la distancia entre la producción de un objeto y el vertedero al que va destinado. La obsolescencia es un valor ponderado que lo engalana todo, pues todo nace obsoleto en el frenesí de la novedad, por encima de los evidentes desajuste estructurales que ello comporta sobre los ecosistemas vitales.

Pero el crecimiento de todos estos últimos años, el despilfarro, ha sido generado por los propios gestores, banqueros y políticos corruptos, que han propiciado toda una cultura de la especulación llegando a verse afectados por ello, como no podría ser de otra manera, bienes de primera necesidad como la vivienda o los alimentos básicos. No bastaba con la especulación financiera y bursátil sobre valores virtuales creados al efecto, sino que había que descender a la realidad de las necesidades básicas. El endeudamiento sustituyó al ahorro como fuente de inversión. No hizo falta disponer de capital para hacerse empresario, ni de trabajo estable para recibir un crédito para una vivienda. Ya no digamos de los créditos al consumo: se vendían como gangas. Y todas estas ventas de las empresas financieras y de las Entidades Bancarias eran apoyadas y estimuladas por las políticas económicas de los gobiernos de turno, tanto de Europa como de EEUU, y sus consecuencias ya están aquí.

No debemos olvidar que a tales tropelías se sumaron gustosos y deseosos millones de ciudadanos de a pie, de los que sin su contribución al pingüe negocio, endeudándose por encima de sus posibilidades, hubiera sido imposible construir este timo en forma de pirámide.

Para todo ello los bancos y los supermercados han sustituido a las iglesias, el derroche suntuoso a la plegaría, el hurto a la limosna. No nos extrañemos que en esta ocasión estos centros del crédito y del consumo vayan a ser los que reciban la ira de los millones de ciudadanos en paro, de desahuciados, que se avecinan en llegar. Y por ende, tampoco podrán escaparse de la ira los Gobiernos, que son responsables subsidiarios de todo este entuerto, y a los que por supuesto se les pedirán también responsabilidades de una u otra forma.

Conocimos en su día las consecuencias del odio que generó mayoritariamente la miseria, pero mañana conoceremos la ira que provocará una opulencia insatisfecha.