Consideraciones humanas sobre cuestiones inútiles, innecesarias e imperfectas de la profesión atea. Compartir lo efímero, testimoniar lo disoluto, aullar ante el silencio. Aulla! Aulla!

10/30/2009

ESPECULAR / MEDITAR

“Los ideales sociales no pueden ser predicados entre especuladores” (Ernst Bloch)


Al especular se alivia en la verborrea, en la meditación se libera en el silencio. La especulación baraja con la incertidumbre pero en la meditación se obvia la certeza. La especulación se difumina en lo aleatorio mientras que la meditación transita por lo continuo. El que especula juega con respuestas, el que medita trabaja sobre preguntas. Al especular se consume, al meditar se ahorra. Al especular se gesticula mientras que al meditar se observa. La especulación es consecuencia, la meditación es causa. Al especular uno tiende a buscar, al meditar a encontrar. Especular enturbia, meditar aclara. Occidente especula, Oriente medita. Especular tiene fijación por la vigilia, meditar prima lo onírico. Al especular se proyecta, al meditar se asume. Especular disemina, meditar concentra. Especular tiende a tergiversar el pensamiento, meditar lo dimensiona. Especular se vacía en el olvido, meditar se nutre en la memoria. Especular se proyecta en la imagen, meditar fluye en el vacío. Especular busca la trascendencia, meditar encuentra en la inmanencia. Especular conquista, meditar convive. Especular desdobla, meditar unifica. Se especula con la muerte y se medita para la vida. Se especula con el gasto, se medita sobre el don. Especular es público, meditar es íntimo. Se especula desde la distancia, se medita en la proximidad. Especular se materializa en signos, meditar se representa en símbolos. La especulación comenzó siendo teocrática, la meditación ascética. La especulación aspira al conocimiento, la meditación a la sabiduría. La ciencia y la religión son productos de la especulación, la comprensión y la armonía de la meditación. Especular es fin, meditar un medio. La especulación es compulsiva, la meditación reflexiva…


La morfología de nuestra cultura se fundamenta, en gran medida, en esa disposición o actitud que se materializa en técnicas con las cuales nos enfrentamos al mundo, a su incertidumbre. Nuestro pensamiento está contenido en ellas, es inseparable de su forma, de su materialidad, de sus producciones … En este sentido, especular / meditar son acepciones, ángulos, posiciones, que utilizamos para construir el mundo, para poder aprehenderlo.


En nuestro medio, desde Aristóteles y continuando la tradición idealista platónica, entender es especular con imágenes. Por un lado, a través de esa línea metafísica, que desde su aislamiento, al margen de lo tangible, contempla el conocimiento especulativo de la razón, levantándose e imponiéndose enteramente por encima de lo que enseña la experiencia. Por otro, aquella otra concepción, materialista, que parte de una causalidad que idea la materia como lo único existente en contínua transformación.


Si, como nos sugiere Chantall Maillard, “todo idealismo es consecuencia de una pérdida de inmediatez por la que se sistematiza el desdoblamiento especular”, éste no será sino un síntoma de una enfermedad que proviene de una pérdida (la caída). Tendremos entonces que aceptar que la especulación es ante todo una “respuesta terapéutica”.


A su vez, materializar la idea es el origen de todo sistema cuyo axioma parta también de “lo especulativo”. Sistema que se recoge en esa tautología de la inseparable comprensión/producción de mundo de las religiones monoteístas que, como sugiere Sloterdijk, se conforma en un campo tripolar:


q a partir de un proceso psíquico nuclear o primario (especulativo)

q por decantación en un ejercicio de meditación iluminadora (metitación)

q visualizado a través de una simbolización comunicativa.


Hoy, en nuestro mundo secular, y como señala Baudrillard, aquella simbolización comunicativa de lo religioso se realiza específicamente a través de “una especulación informativa sobre el acontecimiento”. Ya sabemos que en gran medida es la propia información la que produce lo que acontece, o cuanto menos el hecho debe ser noticia si quiere ser observado. El acontecer es pues insustancial sino dispone de un soporte de comunicación que lo constate.


Por otro lado, no podemos afirmar, como hizo Bergson, que la propia percepción sea la que nos contenga, que estemos sujetos a nuestros sentidos, como si estuviéramos limitados y amarrados a ellos, como si no pudiéramos comprendernos en su ausencia. No es “la percepción la que tiene un interés especulativo”, la percepción no es en sí el conocimiento. Por el contrario, habría que contemplar todos los elementos que adheridos a ella la orientan, por ejemplo, en el sentido que nos propone Deleuze, a propósito del “modo sádico, especulativo y analítico, que capta el instinto de muerte”. Es ese instinto, si es que lo aceptamos, el que dirige un modo de percibir, el que impone entonces la especulación en el juego de la comprensión/interpretación/producción de mundo.


Si trasladamos este análisis a la esfera de la materialidad de lo intangible del mundo económico podriamos aducir con Aries que “desde el protocapitalismo, tal como aparece en la segunda mitad de la Edad Media y en el Renacimiento, contemplación y especulación son rasgos esenciales, pues antes del capitalismo, las cosas aún no merecían ser vistas, ni retenidas, ni deseadas”. Fue a partir de la Edad Moderna cuando se produjo “el tránsito de la especulación sobre la esfera a la praxis de su aprehensión”. (Sloterdijk). Desde entonces el mundo ya no sólo pudo pensarse idealmente, sino que también tenía que poseerse prácticamente, y por ello, el resultado de ese “paroxismo de la especulación pragmática fue el capitalismo” (Baudrillard), pues en ella se fundamenta y a ella debe su evolución y desarrollo, y es en esta, su última fase, con la que mejor responde al patrón que lo propició: capitalismo especulativo global. Capitalismo que contemporiza con la suerte pero especula con el azar, contrariamente a lo que cree Baudrillard, y en esa especulación con el azar consume futuro, porque ahí es en donde busca la garantía para sus operaciones de alto riesgo; aunque en esta ocasión parece que se haya roto el umbral de seguridad o tasa de riesgo que tiene todo crédito, y esa ”masa crítica especulativa” haya sobrepasado el nivel de tolerancia máximo de incertidumbre. La respuesta no se ha hecho esperar: desconfianza generalizada sobre la jugada por el alto riesgo que comporta.


La “codicia indirecta, carente de objeto, como voluntad especuladora del capital” (Bataille), junto a la ambición como resguardo ante la fragilidad de lo vital, buscan fundamentalmente saciarse y, ante ello, la razón sólo puede ya encontrar lo injustificable. Así, la “democracia especulativa”, que nos representa, aparece como la única morfología posible de organización política social.


Pero parece evidente, también, que en lo referido a lo particular, una de las formas para evitar que el pensamiento actúe es reducirlo a simple representación especulativa. Su efecto es una especie de narcosis producida por discusiones interminables sobre aspectos insustanciales que camuflan una estrategia de despistaje producida sin duda desde una “inteligencia concreta”, como forma tangencial de demagogia convulsa que se erige en dueña de cualquier debate personal.


En cuanto a su expresión y en el orden representacional, quizá fuera el cubismo la plasmación formal y simbólica del temperamento contemplativo-especulativo, porque tal y como lo intuyó Klee, “su reflexión reposa en la reducción de todas las proporciones y desemboca en formas proyectivas primordiales (triángulo, rectángulo, círculo)”. Recordemos que lo angular es una de las posiciones preeminentes que toma lo especulativo. Pero es, en suma,“la vida concreta de todo hombre la que se ha degradado al convertirse en un universo especulativo” (Debord), o “infiel, disponible” (Sloterdijk). De ahí que el vasallaje sea la exigencia sobre el comportamiento en esta “monarquía especulativa” (Cioran) que nos contiene.


Si como nos indica Jullien “la filosofía ha cubierto la sabiduría con su ambición especulativa” solo nos queda, para contrarrestarla, la meditación, ya sea como una forma que podemos adoptar y que evoca los tratados de espiritualidad de los siglos XVI y XVII, en los que no es lo primordial preparar a los moribundos para la muerte, sino enseñar a los vivos a meditar sobre ella, y que luego continuó con Montaigne, para el que la premeditación de la muerte es premeditación de la libertad; o por el contrario, preguntarnos si debería la filosofía ser entendida como meditación de la vida, no sobre la muerte, como nos sugirió Spinoza.


Quizá haya que caminar para encontrar una síntesis que comunique y concilie sueño y razón, como nos propone Jünger, o una suma de meditación y expresión, de sueño y pensamiento, como nos recuerda Bachelard. Sabiduría podría ser entonces “toda materia imaginada, meditada, que se precipita en imagen de una intimidad”, porque como remarca Jullien “la sabiduría no se explica, se medita o se saborea y nos impregna”.

10/23/2009

Tú no comparte cuando piensa en él
Tú antecede por ti pero cuando ya no eres tú
Tú, sin llamar, obtiene respuestas automáticas
Tú como posibilidad es la inversión de un sí mismo
Tú pluraliza pero aún así continua como singular
Tú secuestra la sombra de cada sí al interrogarle
Tú es gozo para ese dolor vernáculo
Tú busca un nombre en su anonimato
Tú no acontece si no es reclamado
Tú encuentra su rostro en la proyección
Tú atiende al plano de la identificación sin necesidad de mostrar su semblante
Tú no responde a qué sino a quién
Tú sobre lo intangible solo desvirtúa
Tú no estrecha vínculos en lo inefable de la soledad
Tú eres quién no se hace posible cuando le invocas
Tu ajusticia, casi siempre, a sus admiradores
Tú se afianza y crece con el culto a la personalidad
Tú se distancia tanto de la identidad como de la independencia
Tú mira más allá de sí para reconocerse
Tú encuentra en la referencia solo un pronombre
Tú es posesivo una vez invocado
Tú se reconoce en el desprecio
Tú es prepotente cuando parece insignificante
Tú se asemeja cuando no reconoce
Tú no drena en los excesos de desolación
Tú se hace fugitivo de la justicia, sea cual sea el veredicto
Tú no se convoca al margen del desprecio
Tú juega al anonimato porque sabe bien quien es
Tú no puede ser identificado sin alguien que lo desvele
Tú adviene intransitivo y a ello condiciona su valor
Tú es impersonal pero arbitrariamente insidioso
Tú no sueña sin tu ausencia
Tú no se acostumbra nunca a ti
Tú al invocarte se onaniza
Tú refulge a consta de imponer una sombra impersonal
Tú se apropia de todo aquello que se evade por voluntad
Tú será el único testigo cuando desaparezcas
Tú encarna el ídolo que hiciste de ti

10/09/2009

PERFECCIONAR PARA DOMINAR

En los entresijos de cualquier justificación sobre la existencia, o de esa finalidad que otorga sentido a todo aquello que no lo tiene, en el ánimo del que aún sobrevive a sí mismo, se manifiesta el afán por lo perfectible.


Es motivo de la perfección ser la potencia para el ejercicio de la dominación. Así, desde los infructuosos esfuerzos por dominar la naturaleza, hasta el fortalecimiento de las medidas normativas para la organización/control social, lo humano ha evolucionado a través de la especialización. Para ello , fragmentar fue la primera instrucción u orden que emitió un cerebro angustiado ante una cosmovisión global de pertenencia que aún no se había desdoblado de sí misma. La unidad primigenia dio paso a una ruptura y, desde entonces, la visión esférica del mundo fue quebrada por la conciencia de la incomprensión de pertenecer a él sin una explicación plausible. Estar no era suficiente y hubo que representar, que explicar, que crear, que perfeccionar, para poder ser.


Una vez sustraída su sombra, la exposición paulatina de la imagen suplantó al objeto que se proyectaba. Lo fluido se tornó sólido y para poder unificarse necesitó ser compartido a través de lo simbólico. Desde entonces “la verdad” fluctúa entre las creencias sobre lo intangible y las certezas de lo transformable, rivalizando por conquistar aquella posición primigenia de insustancialidad, solo recuperable por una ilusión a través de la serenidad de la esperanza o ante la incertidumbre de la indiferencia.


Si buscando las leyes de la naturaleza no encontramos su razón, a través de la escritura llegamos a suplantar memoria -arte de dividir y unificar- por historia. Deseando habitar nuestro propio reflejo, en la máscara, en la apariencia, constatamos una presencia que se nos escapa porque no tiene piel. De ahí que la organización estructural para encauzar este esfuerzo inútil tome su fuerza tanto de esas creencias proyectadas en las religiones, como en experiencias empíricas mediatizadas por la ciencia. El humanismo y el nihilismo son corrientes alternas que tejen las redes en las que descansa la visión imperativa de un mundo agotado que se descuartiza.


Para la mayoría de los individuos, y ante la pesadilla de sobrevivir en lo cotidiano, se nos ofrece el sueño de una especie de encantamiento hacia la esperanza, ya sea por vía de la fe o por aquél otro trasunto del conocimiento empírico; como si hubiera puentes dispuestos para atravesar el abismo. Todo sintetizado en ese intento de restituir el equilibrio en la economía de la muerte, a través de los avances tecnológicos, por todo aquello que se le hubo detraído por las matanzas colectivas en el ejercicio de cualquier soberanía.


Excelencia, calidad, eficiencia, eficacia, etc., diamantes para la perfección elaborados con carbono extraído de los inagotables yacimientos de osarios del mundo laboral.